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Provenza, de colores pastel y olor a lavanda

La Provenza cumple con todos los estereotipos que se esperan de ella, y alguno más. Esta Semana Santa hemos tenido ocasión de conocerla a fondo, y descubrir los contrastes culturales y paisajísticos que esconde esta región del sur de Francia, sobre el arco mediterráneo que separa España de Italia, lo que la convierte en un cruce de caminos que conserva vestigios de diferentes civilizaciones. Este año 2013, además, se daba el aliciente añadido de la Capitalidad Europea de la Cultura para Marsella, que ha compartido con buena parte de los municipios que la rodean.

El viaje comenzó en Arles, una pequeña ciudad a orillas del Ródano que conserva junto a su hermana mayor, Nimes, las esencias de la cultura taurina como evolución de las arenas romanas donde los gladiadores se retaban entre sí y ante bestias animales. Arles es una de esas ciudades provenzales que fascinaron a los pintores impresionistas y fundamentalmente a Van Gogh, que inmortalizó aquí su famoso café nocturno que ahora lleva su nombre. Tanto las arenas romanas como los restos del teatro antiguo constituyen sólo parte del patrimonio que atesora esta ciudad amurallada.

Las Arenas de Nimes recuerdan al Coliseum romano y hoy día alberga espectáculos taurinos

Las Arenas de Nimes recuerdan al Coliseum romano y hoy día alberga espectáculos taurinos

Pero sin duda es Nimes la que muestra el poderío de la civilización romana en todo su esplendor. Su impresionante anfiteatro romano, el mejor conservado de cuantos aún perduran, es el principal atractivo en una ciudad que jugó un importante papel en el Imperio. La Torre Magna es otro de los lugares a visitar, en lo alto de una colina de cipreses y aires romanos, desde donde se divisan unas inmejorables vistas de la ciudad y su entorno. Nimes ofrece por lo demás un centro histórico totalmente rehabilitado y un ambiente joven que le confiere un aire entre elegante y despreocupado.

Entre los lugares a visitar en los alrededores de Nimes, destacamos el Point du Garde, una colosal obra de ingeniería romana que sirvió para hacer llegar el agua a Nimes; y pueblecitos como Saint Remy -auténtica boutique provenzal para amantes de la artesanía y gourmets– y Les Baux-de-Provence, esculpida sobre la roca en lo alto de una colina coronada por una fortaleza.

Este acueducto romano fue empleado para hacer llegar el agua a la vecina Nimes

Este acueducto romano fue empleado para hacer llegar el agua a la vecina Nimes

Nuestro periplo siguió el curso del Ródano hasta su desembocadura en el Parque Natural de La Camarga, unas marismas que son hábitat de aves como el flamenco, donde se cultiva el arroz y pastan plácidamente los “toreaux” de lidia y los caballos blancos de monta. Sorprende la nutrida colonia gitana que reside en su municipio más importante, Saintes-Maries-de-la-Mer, un pueblo de pescadores con una iglesia a cuya cubierta es obligado subir para poder disfrutar de una de las vistas más despejadas y sugerentes de la zona.

Nuestro siguiente destino fue Aix en Provence, una ciudad que condensa todas las esencias de la Provenza, de la que alguna vez fue su capital: lugar tranquilo, elegante, y entregado a la exquisitez. El centro histórico se ve envuelto por bulevares en forma de anillo, en el que uno puede perderse entre calles peatonales y plazas a cada cual más pintoresca, que a veces adquieren incluso un cierto aire italiano. Todo un descubrimiento.

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Esta plaza en el centro histórico de Aix Saint Provence, se da un aire a la mítica Piazza Nabona de Roma ¿No?

Pero el epicentro de nuestro viaje ha sido, sin duda, la gran Marsella, que, como decíamos, ostenta este año el título de Capital Europea de la Cultura y que ha protagonizado en la última década, un proceso de reconversión que hoy aún continúa. De la Marsella mafiosa, decadente y peligrosa de los 80 (French Connection), queda ya poco aunque sus estándares de limpieza se sigan pareciendo más a las de una ciudad del norte de África. Además de una notable rehabilitación urbana, Marsella ha empleado la cultura como pegamento para una sociedad mestiza como pocas en Europa, que ha metabolizado con el tiempo y no sin problemas la incorporación de inmigrantes de muy distinta procedencia. Actualmente, un tercio de la población total marsellesa es de origen italiano, el país más representado de la ciudad muy parejo incluso con la nacionalidad francesa nativa. Además, cuenta con el mayor número de corsos y armenios del país. Otras comunidades importantes de la ciudad son los árabes del norte de África y bereberes (25% de la población total), turcos, comoranos, chinos y vietnamitas.

Los creadores alternativos han constituido su propio barrio en el centro de Marsella

Los creadores alternativos han constituido su propio barrio en el centro de Marsella

Producto de este mosaico de culturas y religiones es el proyecto de capitalidad, un desenfadado y ambicioso plan que ha compartido con el territorio provenzal y que se puede también “consumir” en forma de ballets, teatros, festivales de cortos, óperas, y exposiciones en un buen número de espacios culturales, amén del alegre y variopinto ambiente callejero, que sin duda irá a más a medida que se vaya acercando el verano. Si quieres vivir intensamente esta experiencia no dejes de visitar “Le Quartier des Createurs”, en la Place Notre Dame du Mont, donde se dan cita pequeños talleres y locales de artistas alternativos.

Al lado puedes vivir una experiencia gastronómica exótica en cualquiera de los lúgubres locales de la Rue d´Áubagne, que van desde los orientales, hasta los asiáticos pasando por comida africana. Junto a esta zona, para el ambiente nocturno, está también la Rue de Trois Rois. En todo caso, recomiendo fervientemente aparcar el coche en superficie en la cercana Place Jean Jaures, todo muy cerca del centro y bastante seguro.

Este edificio de madera, construído en la plaza del Ayuntamiento, reune los servicios centrales de la Capitalidad cultural 2013 de Marsella y está ubicado en el espacio que mayor renovación urbana ha experiemntado en la última década

Este edificio de madera, construído en la plaza del Ayuntamiento, reune los servicios centrales de la Capitalidad Cultural 2013 de Marsella y está ubicado en el espacio que mayor renovación urbana ha experiemntado en la última década

Nuestro siguiente alto en el camino transcurrió paralelo a las Calanques, una docena larga de pequeñas rías o fiordos que jalonan la costa hasta llegar a la localidad vecina de Cassis, que da nombre al popular licor francés. Este coqueto puerto pesquero puede presumir de tener uno de los atardeceres más bellos de la Provenza y se hace acreedora a miles de bucólicas instantáneas. La otra ciudad costera que visitamos, ya lindante con la Costa Azul, fue Saint Tropez, más masificada por su opulencia, fama y su legendario magnetismo para atraer a artistas y estrellas del cine. No sé si es porque nos hizo mal tiempo, pero Saint Tropez, que reproduce de nuevo las callejuelas color pastel, las plazuelas, cafés, terrazas y un muelle deportivo, no me resultó tan atractiva como Cassis.

Cassis es un pueblo que si no está en la Costa Azul, lo parece. A escasos 20 kilómetros de Marsella, es el refugio perfecto donde perderse

Cassis es un pueblo que si no está en la Costa Azul, lo parece. A escasos 20 kilómetros de Marsella, es el refugio perfecto donde perderse

A partir de aquí dejamos atrás la costa y nos adentramos en uno de los parques naturales más espectaculares de Europa, el del Cañón del río Verdon, o Gorge du Verdon. Para acceder a él es necesario recorrer más de 100 kilómetros por serpenteantes carreteras secundarias hasta llegar a Castellane, una especie de parada y fonda de alta montaña, plagada de campings y tiendas de material deportivo.

Es agua turquesa lo que transcurre por este majestuoso cañón de la Alta Provenza

Es agua turquesa lo que transcurre por este majestuoso cañón de la Alta Provenza

Desde aquí se inicia un itinerario mágico (carretera D952) por cualquiera de los dos cauces del río Verdón, de asombroso color turquesa, que va adentrándose en las profundidades de una inmensa garganta natural, entre grutas y desfiladeros, y que concluye en el majestuoso Lac Sainte Croix. Muy cerca se encuentra Moustiers-Sainte-Marie, otra joyita de la Alta Provenza que se aferra al acantilado del que mana una cascada que lo divide. Y es precisamente en este punto del viaje, a partir del que podemos disfrutar de los característicos campos de lavanda que se extienden alrededor de infinidad de granjas y que pueden observarse a lo largo de la Route de Menosque y luego la Route D´Apt que van desde Moustiers-Sainte-Marie hasta Gordes, atravesando el río Durance ya en el Macizo del Luberón, otro Parque Natural Regional.

Gordes es uno de los pueblos más pintorescos de la Provenza, uno de esos núcleos literalmente colgados de la ladera, y que conservan un paisaje único. Tomarse una cerveza en la pequeña terracita colgante del Círculo Republicano, cerca de la plaza (creo que era en la Rue de l´Eglise) no tiene precio. Cerca de allí, también puede visitarse Fontaine de Vaucluse, una curiosa localidad que debe su nombre al nacedero torrencial de un río que aflora del subsuelo, un espectáculo natural único en toda Francia.

Como sacado de un cuento, Gordes, tiene mil y un rincones donde quedarse a soñar...

Como sacado de un cuento, Gordes, tiene mil y un rincones donde quedarse a soñar…

Y nuestro círculo turístico se cerró en la cercana Avignon, mundialmente conocida por haber sido sede papal alternativa a Roma durante parte del siglo XIV, por sus murallas bien conservadas y por su famoso Pont de Avignon sobre el sempiterno Ródano.

En definitiva, La Provenza es un superviaje al alcance de la mano. Cercano en distancias, y que bien puede recorrerse en plan camping, para lo que está sobradamente preparado.

Denis Itxaso