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A estas alturas no vamos a descubrir Roma. No al menos en lo referente a sus principales atractivos turísticos y culturales, aunque sí podamos escarbar un poco entre las callejuelas y templos entre los que se encuentran algunos secretos bien guardados, y que en este post me dispongo a aflorar, para hacer, si cabe, más apasionante una visita a la capital italiana.

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Detalle de las columnas y capiteles en el Claustro de San Juan de Letrán, visita obligada

Si no se ha estado antes en Roma, parece obligado conocer algunas basílicas así como los vestigios imperiales del Foro. Sin embargo, durante este viaje hemos aprendido que casi tan importante como responder a la llamada de este patrimonio inigualable, es hacerlo guardando un orden y evitar la pura aleatoriedad, pues el relato que encierra cada espacio remite de manera constante a otros lugares en los que conocerás pasajes complementarios, cuando no indisociables. En este sentido, visitar en primer lugar la basílica de San Giovanni in Laterano fue todo un acierto. Esta sede papal anterior a San Pedro es además el templo que mandó construir el emperador Constantino cuando legalizó el cristianismo en el siglo IV convirtiéndose también a su fe. Muchas de las obras de arte que pueden conocerse tanto en los Museos Capitolinos como en los Vaticanos y en la Galería Borghese, ilustran los pasajes históricos en los que se contextualiza aquel hecho (las revelaciones divinas del emperador la víspera de la batalla del Ponte Milvio, la posterior victoria de Constantino sobre Majencio y el empoderamiento definitivo de la Iglesia con la consiguiente extinción del paganismo). En San Juan de Letrán no hay que perderse la visita al Sancta Sanctorum -sobrecogedor lugar de culto y peregrinación-, al Baptisterio así como al Claustro.

La iglesia de San Clemente in Laterano es una joya que encierra la historia resumida de los diferentes credos que se han cultivado durante tres milenios

La iglesia de San Clemente in Laterano es una joya que encierra la historia resumida de los diferentes credos que se han cultivado durante tres milenios en Roma

Las exposiciones permanentes de los principales museos constituyen una delicia para los sentidos. En ellos, Bernini, Rafael, Miguel Angel o Caravaggio, entre decenas de artistas sobresalientes, firman obras universales de la escultura y la pintura barrocas. La otra gran aportación de estas galerías son las obras clásicas de época y/o inspiración griegas y sobre todo egipcias -algunas de las cuales cuentan con 2500 años de antigüedad-, precursoras a su vez de una prolífica producción escultórica en la época etrusca, republicana e imperial de la Roma antigua. Es aquí donde la visita a los foros romanos, al Coliseo, así como a los vestigios del antiguo puerto de Ostia -excursión que requiere de un día completo pero que no te dejará indiferente por el buen estado en que se conserva la ciudad-, cobran pleno sentido. La arquitectura, el comportamiento cívico, las creencias y tradiciones paganas, el arte y la política experimentan un desarrollo visible en estos lugares. Pero un antes y un después se produce en Roma con el nacimiento de Jesús y el legado del que serán depositarios sus discípulos, entre los que Pedro y Pablo jugaron un papel definitivo en la fundación de la Iglesia Apostólica y Romana. Un ejemplo poco conocido es la Iglesia de San Clemente in Laterano, cerca del Coliseo, en el que pueden visitarse hasta tres niveles distintos de huellas arqueológicas que incluyen apasionantes catacumbas y vestigios mitraicos.

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Sentarse a leer un libro apoyado en una de estas columnas naturales en VIlla Borghese es el ejercicio más relajante que puede hacerse en Roma

Remanso de paz. Villa Borghese es el auténtico Central Park romano. Un paseo matinal por este pulmón verde encaramado a una colina permite al paseante disfrutar de un ambiente relajado entre caminos, fuentes, monumentos, cafés, descampados y bosques de árboles enormes, desafiantes esculturas naturales que dibujan un paisaje de lo más evocador. La experiencia bien puede rematarse con un paseo en bicicleta (existen servicios de alquiler), con un pic-nic o con la visita a la ya mencionada galería de arte, que contiene la ambiciosa colección creada por el Cardenal Scipione Borghese en el Siglo XVII.

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Chiostro de Bramante organiza exposiciones temporales y ofrece una repostería para chuparese los dedos en un ambiente chill out.

Templos para el paladar. Si nos puede el dulce, Roma está cosida de gelaterías, aunque no todas son artesanales y el boom turístico ha traído consigo también la generalización de franquicias que vacían de contenido a lo que debe ser el mandamiento de degustar un buen helado italiano. Recomendamos fervientemente dos templos del gelato: Frigidarium, en los alrededores de Piazza Navona, y Venchi, en Vía de la Croce, cerca de Plaza de España. Pero a los golosos impenitentes les exhortamos a peregrinar hasta Chiostro de Bramante, escondido en un pequeño callejón tras la Chiesa della Pace. Se trata de un coqueto claustro sin florituras en cuya primera planta se sirven deliciosas tartas de pera y chocolate, pasteles de queso con higos, bizcochos de naranja y otras tentaciones del demonio. Un descubrimiento que debemos al cariñoso consejo de buenos amigos.

En el espectro salado, otras dos recomendaciones heredadas que también hacemos extensivas son Da Franceso y Cul de Sac, ambas pizzerías/ristorantes en las inmediaciones de Navona, con cocinas y repertorios que las distinguen de entre la abrumadora oferta gastronómica que nos asalta en el camino. No esperemos cálidos comedores, pero si una vivencia culinaria genuina. A ello añadiríamos dos experiencias casuales y felices: bar del Fico, en la piazza del mismo nombre, un lugar modernete y divertido con una brasa prodigiosa a la vista de los comensales; y una baguetteria/enoteca en plan casual y alternativo con unos dependientes encantadores, justo en el callejón contiguo a la Piazza del Fico.

Cafés panorámicos. Tomarse un simple expreso en Roma puede permitirnos recrear los estereotipos cinematográficos que tanto pesan en el imaginario italiano. En la cafetería aterrazada de los Museos Capitolinos reina un ambiente relajado y se puede gozar de unas vistas prodigiosas. Algo parecido puede decirse de la terraza que está al costado del gran monumento merengado de Vittorio Emanuelle II que preside la Piazza Venezia. El lugar ya no es tan tranquilo como antaño, pero las vistas a los Foros de Trajano, Augusto, Cesar y Nerva son impagables.

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Siéntate y mira la vida pasar en el mercado matutino de Campo de Fiori

Sin vistas pero con sabor añejo y especialmente indicado para el invierno es el Antico Café Grecco, en las inmediaciones de Piazza de España y del que cabe advertir sus elevados precios. Tampoco es especialmente barato el café Illi en la Galería comercial Alberto Sordi, ambiente boutique, exquisito y relajado. Y el café mañanero entre puestos de flores y todo tipo de productos frescos, se impone en alguna de las pintorescas terrazas de Campo de Fiori, mi particular descubrimiento en este viaje a Roma, y el lugar en el que la ciudad decidió desagraviar a Giordano Bruno tras la persecución a la que la Iglesia lo sometió hasta darle muerte en el año 1600 por atreverse a discrepar en cuestiones teológicas.

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Atravesar la calzada es toda una temerridad incluso aunque haya pasos de cebra…

Roma vive inmersa en un encendido debate sobre la movilidad, y es que el automóvil reina sobre el asfalto y también sobre el adoquín, hasta hacerla inhóspita para el peatón, que deberá lanzarse con arrojo a la calzada si quiere atravesarla. Por un lado, pesa una cultura conservadora ultramontana, que puede observarse en la campaña patrocinada por la derecha berlusconiana en contra del proyecto de peatonalización de una de las principales arterias romanas, la Vía dei Fori Imperiali, que conecta Piazza Venezia con el Coliseo. Afortunadamente, parece que los planes municipales de la Comuna de Roma gobernada por la izquierda, cuentan con amplio respaldo ciudadano, y este fin de semana hemos asistido a una fiesta en la que comenzaba a invadirse ‘de facto’ la calzada imperial con ferias de artesanía y conciertos. Lo de las bicis ya es ciencia ficción.

No es menos cierto que cualquier intento por ampliar las líneas del suburbano romano, tropieza sistemáticamente con hallazgos arqueológicos que cobran prioridad por la política de preservación patrimonial que impera. Es el caso de la nueva línea C del Metro que, en un ejercicio de microcirujía urbana, tiene previsto conectar el centro ciudad con el Este y ampliar las limitadas combinaciones de transporte público que existen hoy día.

En resumen, Roma y sus atractivos tienen bien ganado su apelativo de eternos. Conocerla en septiembre tiene la ventaja de que el calor afloja y el Sol acaricia pero no quema; el aluvión habitual de turistas también baja y, si bien algunos museos no ofrecen tregua en ninguna época del año, el ambiente que se respira es menos atosigante en esta ciudad, de la que te resultará difícil volver sin algún kilo de más.

  1. marta olass dice:

    Un recorrido precioso, Denis. Qué suerte haberte escapado en septiembre. A mí la última vez me enamoró S.Clemente in Laterano. A Roma hay que ir muchas veces; nunca defrauda.
    Marta

    • denisitxaso dice:

      Gracias Marta. La verdad es que me alegro de haber podido cogerme una semanita en septiembre. No siempre es posible pero el haber trabajado todo agosto, es lo que tiene 😉

      San Clemente es realmente apasionante. Sólo lamento haberla tenido que visitar a la carrera. Era el último día de nuestras vacaciones y teníamos que ir al aeropuerto. Pero volveremos!

  2. Josu dice:

    Qué maravillosa parece Roma con sus callejuelas, sus típicos cafés, sus momumentos, a pesar de su caótico tráfico. En este tema debemos de mirar hacia los países de larga tradición socialdemócrata del norte de Europa (Suecia, Holanda, Noruega, Coopenague…), donde los carriles bicis, calles peatonales, transporte público son el modelo a seguir, en contraposición con las ciudades de países del sur de Europa (Madrid, Roma…) con un tráfico caótico y antipático basado en el coche. De Roma cabe destacar también aquellos emblemáticos tranvías estrechitos que pasaban frente al Coliseo vistos en mil imágenes emblemáticas, y como no, el maravilloso coliseo romano que tanto nos duele a los donostiarras al recordarnos aquel enorme coliseo que teníamos en la ciudad de una belleza extraordinaria, de arquitectura mozárabe elevado en una colina del barrio de Gros. Hoy en día, aquella joya arquitectónica reconvertida para otros usos, hubiese sido todo un lujo para nuestra ciudad. Fué el último gran azote urbanístico del franquismo en la ciudad y sin duda el más traumático.

Denis Itxaso