twiiter facebook linkedin youtube instagram spotify

Del estatus y otros fetiches

La metáfora del ‘péndulo patriótico’ -entre la ortodoxia radical y el pragmatismo- resume gráficamente la práctica del PNV, como bien han analizado los historiadores. No sabemos realmente en qué momento está el ‘péndulo’, pero lo cierto es que no se ha parado, y con su oscilación permanente trata de encauzar sus propias contradicciones internas.

Estos días se abre en Euskadi un nuevo tiempo político de entendimiento entre socialistas y nacionalistas en materia económica, al tiempo que el PNV lanza el enésimo fetiche a la plaza pública, con el objeto de mantener la tensión justa que el identitarismo requiere para no languidecer. Desde la autodeterminación al derecho a decidir, los jeltzales siempre han tratado de establecer debates equívocos y sugerentes que primasen en la agenda política vasca, y que además sirviesen de cebo para sus oponentes electorales. Morder el cebo equivalía a posicionarse en contra de tales postulados, por elaborada, matizada y ecuánime que fuese la argumentación que se empleara. Y es que, lograr que el oponente se sitúe a la contra condiciona el subconsciente colectivo antes que cualquier reflexión racional, y constituye el primer paso de todo éxito.

El elemento difuso sobre el que ya ha comenzado a pivotar en esta ocasión el debate político en Euskadi es el del nuevo estatus, invocado por el Lehendakari Urkullu en el reciente debate de política general sin que conozcamos aún el menor detalle sobre su contenido práctico. Ignoro si la fórmula pretende trasladar al conjunto de la sociedad vasca la discusión del derecho a decidir y del soberanismo sin la sobreactuación estridente del Plan Ibarretxe. Pero lo que es seguro es que busca mantener la espita del conflicto político nacionalista, con la suficiente dosis de ambigüedad, confusión y falta de claridad como para marcar desde una pretendida ‘centralidad’ el juego de los próximos tiempos, en una sociedad plural en la que el peso del debate identitario, nos guste o no, sigue siendo considerable.

El estatus hace referencia a la posición de algo dentro de un marco de referencia dado (sic), por lo que, una vez más, el nacionalismo no apela tanto al desarrollo endógeno de los recursos y capacidades del país que ahora gobierna, como a la revalorización de sus activos respecto del resto de España. Esto no es nuevo, y si uno repasa el lenguaje de los dirigentes nacionalistas durante las últimas décadas, resulta obvio que dicho discurso trata de hacer valer la diferencia para hacerse acreedor al mantenimiento de un tratamiento privilegiado. Ciertamente, una gran parte de los vascos compartimos la creencia de que esas diferencias tienen una traducción concreta en la calidad de vida y pujanza de la sociedad, pero no es menos cierto que lidiar con estas tensiones requiere del manejo de claves más propias del terreno sicológico que del político. Y el mejor ejemplo de este fenómeno se encuentra en el modo en que los presidentes Aznar –azuzando- y Zapatero –empatizando- abordaron retos similares, con resultados diametralmente opuestos, por cierto.

Por eso, los socialistas vascos hemos afrontado el envite del nuevo estatus y elevado la apuesta. El PSE-EE jamás ha concebido el autogobierno de Euskadi como un modo de satisfacer anhelos nacionalistas, sino como un pacto entre vascos a favor de políticas públicas de proximidad que fomentan la cohesión social y la creación y redistribución de la riqueza. Es verdad que ese autogobierno goza de un profundo arraigo social y cultural, y que hunde sus raíces en la tradición foral y pactista, pero, con eso y con todo, lo que más nos preocupa es que verdaderamente responda a las necesidades de la sociedad vasca actual, la del siglo XXI.

De modo que, a la hora de abordar una reforma del autogobierno, los socialistas vascos tenemos nuestra propia cuenta de tareas pendientes muy presente. Del mismo modo que Europa sigue a expensas de definir un marco político integrador y que España pide a gritos una revisión de su pacto constitucional, Euskadi necesita mejorar su autogobierno tanto para ampliarlo, como para corregir las disfunciones que han aflorado, con más claridad si cabe, durante esta crisis económica y social por la que atravesamos. Esto equivale a poner tanto énfasis en la asimilación de las competencias que aún nos son ajenas, como en la mejor distribución de las propias, evitando duplicidades e hipertrofias institucionales.

Aunque al nacionalismo institucional le resulte accesorio, resulta bastante más transformador hoy día proponer una refundación del autogobierno vasco sobre la base de una mayor integración política, que la demanda de mayores cotas de soberanía, máxime cuando la soberanía se halla atomizada y cuestionada como valor absoluto a lo largo y ancho del Planeta. El legado político del Lehendakari Patxi López, es, en este sentido, enormemente valioso y aprovechable para alumbrar este camino. Tal y como se puso de manifiesto durante su etapa de gobierno, este país de 2,2 millones de personas (lo equivalente a un barrio de una metrópoli latinoamericana) acumula 4 parlamentos, 3 niveles institucionales -sin contar al Delegado del Gobierno-, y políticas estratégicas como el turismo, la cultura o la promoción económica diseminadas por despachos forales, municipales y autonómicos. Y lo que es peor: tras décadas de apelación a la construcción nacional, Euskadi adolece de políticas comunes en carreteras y peajes o tratamiento de residuos sólidos urbanos por poner sólo dos gráficos ejemplos de rabiosa actualidad.

En resumen, reivindicar la regeneración de la política democrática también pasa por hablar de cosas tangibles y no por manejarse en calculadas ambivalencias para evitar la decantación política que define los auténticos propósitos de cada cual. Y abordar una reforma de nuestro autogobierno requiere, en primer lugar, que los objetivos de quienes la emprenden sean nítidos y mensurables y no meros fetiches deletéreos de agitación emocional. De lo contrario, el aumento de la frustración, y por tanto del distanciamiento hacia la política, resultará inevitable y no nos deberá sorprender.


Del estatus y otros fetiches
DENIS ITXASO
Diario Vasco
7 octubre 2013

La metáfora del ‘péndulo patriótico’ –entre la ortodoxia radical y el pragmatismo– resume gráficamente la práctica del PNV, como bien han analizado los historiadores. Nosabemos realmente en qué momento está el ‘péndulo’, pero lo cierto es que no se ha…Leer más…


© 2013 Kioskoymas. Todos los derechos reservados

  1. Miki dice:

    Emmm, si, el legado del Patxi Lopez es enormemente valioso…

    ¿Supongo que lo dices en el sentido de que no vuelva a repetirse, verdad?

    No digo que el de los otros sea la leche… Pero justo el suyo, me entra la risa.

    Ah por cierto, no me contestaste a la pregunta sobre igeldo, en el que decias que un pueblo pequeño es mas corruptible, cuando la historaia demuestra que ha habido corrupcion y enchufismo desde los ayuntamientos mas insignificantes hasta los gobiernos, incluyendo ahi todos los estamentos administrativos. Incluido euskadi.

    • denisitxaso dice:

      Bueno, el comentario sarcástico sobre lo que quería decir al aludir al legado de Patxi López, cas mejor lo obvio, porque creo que quien quiere entenderme no tendrá problemas en hacerlo.

      Respecto al tema de Igeldo, disculpa que no te contestara, pensé que no tenía demasiado volver a insistir en los mismos argumentos. Sinceramente no conozco datos sobre el tamaño de las ciudades en las que se han producido un mayor número de casos de corrupción. Lo que sí conozco es el grado de de eficacia de los controles internos que tienen los grandes ayuntamientos respectod e los pequeños. La titulación y el volúmen de técnicos jurídicos en los ayuntamientos grandes es mayor, y la capacidad y medios de los que disponen los grupos de la oposición -encargadas de la fiscalización y control de las acciones del gobierno- también es mayor.

      En eso me baso para decir que, en principio, los ayuntamientos de menor tamaño edtán más expuestos.

      Saludos

      • Miki dice:

        Bueno, si con enormemente valioso me dices que es sarcastico, estoy de acuerdo.

        Respecto a la corrupcion, es muy facil, pon en google: mapa de la corrupcion en españa.
        Alicante tiene la misma poblacion que donosti, Valencia, Pamplona, Madrid, Barcelona, etc. ciudades muchisimo mas grandes que Donosti e Igeldo. Tambien recuerdo un ayuntamiento enano, no se donde exactamente, en el que habia mas corruptos en el ayuntamiento que en todo el pueblo.

        Respecto a ese conocimiento sobre la eficacia de los ayuntamientos, oposicion y demas para luchar contra la corrupcion… Pues me parece que vivimos en mundos paralelos, dado que yo tambien lo conozco y es pesimo. Es mas, si el poder legislativo es corrupto y crea las leyes de modo que ningun juez pueda meter mano y entre politicos se protejen, estamos jodidos.

        ¿Creo que estamos de acuerdo en que hace falta una enorme criba y regeneracion politica en todo el pais, no?

        Saludos

Denis Itxaso