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A 7 años de que el Perú celebre el segundo centenario de la proclamación de independencia, el país andino parece querer dejar atrás su etiqueta de eterna promesa latinoamericana. Con cerca de 30 millones de habitantes, un crecimiento sostenido de 6-8% anual de promedio en la última década, una clase media emergente y una explotación cada más eficiente de sus recursos naturales (industrias minera, agroalimentaria y turística, principalmente), Perú respira cierto optimismo.

20131213-203819.jpgA Lima llegué de la mano de mi pareja y, en mi caso, por primera vez. Una breve escala en la ciudad dio paso a una visita a Casma, localidad costera de la rica región de Áncash, a 370kms al Norte de la capital, acudiendo al encuentro de la familia. Allí he tenido ocasión de iniciarme en una gastronomía cargada de verdad. La interminable lista de insumos locales, que incluyen cultivos cereales, tubérculos, frutales, así como pescado fresco, porcino y vacuno, constituyen la base de una oferta culinaria colosal, desprovista de marketing y engreimiento. Desayunos a base de chicharron con cebolla y camote; lomo al jugo o salteado con papas y arroz; jugos y batidos de fresa, papaya, mango, chirimoya o maracuyá, tornan el inicio del día en una experiencia mística. Ciertamente no conforma una dieta especialmente equilibrada, pero al Perú también se viene a engordar, disfrutando de lo genuino y espontáneo.

Otros de los grandes atractivos de la zona son los vestigios precolombinos de la cultura Sechín (1800-1200 a.c), consistentes en los gravados sobre piedra de granito cuya interpretación aún está sujeta a discusión, y jalonan un antiguo templo que continua siendo objeto de excavación y estudio arqueológico. Lo cierto es que más allá de la civilización Inca -cuya tradición ha trascendido más por ser la última antes del Virreinato español y por haber dejado huellas tan simbólicas y preciosas como Cuzco y Machu Picchu-, el país andino cuenta por decenas las culturas pre-incas que han legado un patrimonio que se ha revelado en la práctica imposible de abarcar y gestionar. Levantas una piedra y te aparece una momia, vaya. Eso, por no hablar de las más de 200 lenguas indígenas que sobreviven en la selva amzónica y que, como el Qechua, gozan de políticas de preservación y promoción por parte del Ministerio de Cultura Peruano.

20131213-203902.jpgEn la misma región he tenido oportunidad de conocer y disfrutar del bello paisaje marítimo del Pacífico. La bahía de Tortugas, una especie de fiordo con asentamientos vacacionales mejor o peor conservados, destaca por las abruptas montañas y enormes dunas que se erigen pegados al borde del océano, dentro de lo que se denomina la cordillera costera. Y Las Aldas, un campamento turístico organizado en bungalows o cabañas de playa chulísimas en el arenal de La Gramita, a escasos 400 metros de unos vestigios Sechín con un templo ceremonial que aún permanece semienterrado por la arena. En Las Aldas, Dante Scarpatti, su mujer Ena y su hijo Ítalo nos recibieron de maravilla. En su restaurante se puede saborear pescado y marisco frescos de auténtica fábula, recién capturados por la pequeña colonia de pescadores que arriban a diario a esas playas en sus pintorescos botes. La fauna marina -pelícanos, garzas, gallinazos, cangrejos, y hasta algún que otro león marino- y un baño en el mar son aderezos añadidos a esta perla de la costa peruana.

20131213-191813.jpgDe regreso a la capital peruana nos hemos zambullido de lleno en su Cultura Chicha, compendio de usos y costumbres cotidianas de la sociedad limeña que inmigró desde el interior del país, tanto de la sierra como de la selva, y que constituye la gran masa visible de ciudadanos. “Chicha” hace referencia al ritmo que habitualmente se escucha en todas las ‘Combis’, pequeñas y destartaladas furgonetas atestadas de pasajeros que hay que tomar a la carrera y que compiten entre sí en la captura de usuarios con la ley de la selva como única limitación. Pararse en un puesto ambulante a desayunar un reconfortante emoliente -bebida caliente a base de extracto de hierbas y cereales- o acudir a una ‘pollada’ vecinal organizada para recaudar fondos, forma parte de la misma cultura. Degustar unos anticuchos -los hot dogs neoyorquinos- es otro must, como lo es conocer un Chifa, locales chinos con solera y una cocina sabrosísima, producto del mestizaje que se inició con las primeras oleadas de inmigración oriental hace más de un siglo. Nada que ver con los restaurantes chinos de España.

Lo cierto es que Lima arrastra unas desigualdades enormes, que se hacen particularmente patentes en su ‘cinturón de la pobreza’, como otras muchas metrópolis con disfunciones sistémicas, falta de planificación y éxodo desordenado de millones de habitantes. Lima cuenta con municipalidades que se dan la espalda y que contrastan por sus desarrollos urbanos y sociologías estancas. Zonas pijas como Miraflores, San Isidro o Barranco de clase media y alta no tienen nada que ver con asentamientos y barriadas precarias que crecieron sin planificación de ningún tipo. Más de 8 millones de habitantes se encuentran diseminados en una ciudad con extensión inabarcable y desarrollos de baja densidad, donde el automóvil privado y los taxis invaden la ciudad hasta la metástasis y los sistemas de transporte público y colectivo están aún poco articulados aunque las autoridades estén trabajando en ello.

20131213-191930.jpgEn todo caso, en Lima se va imponiendo la mezcla, lo mestizo. La cultura criolla ha parido una gastronomía y un arte que simbolizan a la perfección el camino que han andado los peruanos para ir desterrando discriminaciones raciales que hace no tanto aún afloraban en su vida social y que sún siguen combatiendo colectivos indigenistas. Como lugares a visitar destacamos el Parque del Olivar en San Isidro; el Parque Kennedy de Miraflores, y un descanso a media tarde en la terraza de su Café Haití; en el distrito de Barranco, que rezuma toda la bohemia y arquitectura coloniales, un paseo partiendo desde el Puente de los Suspiros hacia el paseo marítimo o malecón, sobre los abruptos acantilados que dan nombre al barrio; en el centro de la ciudad, la Catedral y la Plaza de Armas, el Museo y catacumbas de la Iglesia San Francisco, la vieja Estación de Desamparados convertida en centro cultural, el Bar Cordano, el barrio chino y la plaza San Martín (cerca de allí puede hacerse una parada y fonda en la Bodega Queirolo, uno de los más genuinos exponentes de la comida criolla y un templo costumbrista limeño). Y si se quiere comer un buen ceviche o chicharrón a base de pescado y marisco fresquísimos, hay que acudir al Mercado de Surquillo sin pensárselo dos veces.

En cuanto a la vida nocturna, sólo puedo hablar de la que conocí en Barranco, donde, más allá del tópico del Pisco Sour, las decenas de locales modernazos ofrecen un sinfín de cocktails a base de los frutos amazónicos y andinos más exóticos, sabrosos y coloristas que haya podido conocer. A no olvidar Ayahuasca, un espacio de diseño asombroso, con mil y un rincones temáticos donde perderse, bajo el denominador común de la cultura popular peruana. Toda una sorpresa.

20131213-184202.jpgEl Cuzco (3.390m) es magia pura. Declarada Patrimonio de la Humanidad y Capital Cultural de América Latina, este epicentro del Imperio Inca guarda toda la esencia de la cultura ecléctica que resultó del choque de civilizaciones ocurrido a mediados del Siglo XVI. Como sentenciaron Mesa y Gisbert “el fenómeno cuzqueño es único y señala en lo pictórico y cultural el punto en que el americano enfrenta con éxito el desafío que supone la constante presión de la cultura occidental”. A la destrucción del antiguo ‘ombligo del Mundo’, como lo conocían los Incas, le siguió la fundación española de la nueva ciudad, que ha legado una arquitectura colonial hasta hoy, gracias sobre todo a la menor exposición sísmica que registra la zona. La Catedral y las iglesias barrocas que encontraremos en la plaza de Armas, las calles aporticadas, los conventos, las basílicas, una variada y rica oferta museística y -de nuevo- una oferta culinaria andina diversa, hacen de esta ciudad, una visita imprescindible, además de la escala propiciatoria para atacar el mítico Machu Picchu.

Especialmente recomendables resultan en Cuzco el Museo de Arte Precolombino donde se exponen tallas, vasijas, armas y joyas en cerámica, oro, plata, piedra y madera de culturas Mochica, Chavín, Chancay, Chimú, Vicús e Inca, todo ello relatado con una museografía elegante e inteligente; el Museo del Convento de la Merced, con un claustro precioso y una colección de arte cuzqueño de primera; 20131213-184335.jpgla iglesia de Santo Domingo, que durante la civilización Inca fue el Coricancha -recinto de oro- y en la que puede comprenderse el sincretismo -y las tensiones- entre ambas culturas; y la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, cronista oficial de la colonia que escribió un Tratado sobre los Comentarios Reales de los Incas. Del mismo modo, resulta obligado disfrutar del City Tour, un circuito turístico por los principales centros arqueológicos de origen Inca a las afueras de la ciudad, como el Saqsaywaman, TamboMachay, Puca Pucara y Qenko, preferiblemente acompañados de guías para comprender a fondo la extraordinaria capacidad estratégica y de ingeniería civil de esta civilización precolombina. También hay que perderse por el barrio de San Blas, una especie de Montmartre cuzqueño de artistas, artesanos, cafés y hostales con encanto hippy. Y el plan que a nosotros nos salió perfecto consistió en visitar la Catedral y otras iglesias muy temprano, a las 7 de la mañana, coincidiendo con las misas, y desayunar después en alguno de los pintorescos puestos del Mercado Central, donde se dan cita madrugadores y fiesteros. La vida nocturna de Cusco es intensa, por cierto; y los restaurantes sofisticados con ambiente como Cicciolina y, sobre todo, Fallen Angel, contribuyen al ambiente cosmopolita.

20131213-211610.jpgSi Cusco enamora, el viaje en tren desde la Estación de Poroy a la ‘Meca’ Inca del Machu Picchu, a través del valle sagrado de los Incas que dibuja el Río Urubamba, recorriendo pastos, haciendas, profundos cañones, en un descenso hasta una cota cercana a los 2.000m de altitud, conforma una experiencia de ensueño. El viaje es tan embriagador como su destino: en paralelo al cauce del río, se divisan cultivos de papa, haba, maíz, quinua y trigo en andenería, técnica de explotación agrícola en escalas encaramadas a las laderas del valle; montañas de portentoso perfil como Verónica de 5.700m de altitud; y se puede contemplar las complejas operacions de ingeniería que mantienen la red ferroviaria a salvo de desprendimientos. Además, el servicio de vagones ofrece un rico desayuno antes de llegar a Ollantaytambo, una localidad en el Km 82 del camino Inca, desde donde los aficionados al trecking pueden iniciar el camino a pie durante varios días hasta Machu Picchu, y donde también se levanta una antigua fortaleza defensiva Inca que merece la pena conocer en el trayecto de regreso a Cusco. La excursión tiene una duración total aproximada de 3 horas y media, a ritmo parsimonioso, pero a la vez excitante y evocador, como si de un viaje iniciático a Ítaca se tratara. Conviene contratar pasaje en el primer convoy del día, que parte a las 6:40h desde la estación de Poroy, a las afueras de Cusco, para evitar un Machu Picchu masificado en exceso a nuestra llegada.

20131213-184502.jpgEl Santuario Histórico de Machu Picchu, descubierto por Hiram Bingham en 1911 -dato que está sometido a cierto debate-, es la estrella de cualquier viaje al Perú. Uno ya va preparado por la leyenda que precede a esta misteriosa maravilla escondida entre peñas, niebla y frondosa vegetación de la selva amazónica alta. Aún así, la vivencia no deja de ser única. No diré más, porque no hay nada que yo pueda sumar a los ríos de tinta que se han vertido sobre este mítico lugar de peregrinaje turístico y cultural. Está bien cuidado, y hay decenas de guías profesionales y bien preparados que explican el recorrido. Nosotros dejamos para una futura ocasión hacer el camino inca de tres días para entrar a pie por la Puerta del Sol al Santuario, así como encaramarnos al Huayna Picchu, el menor de los peñascos hermanos que sale en todas las fotos tras la ciudadela.

Terminamos. Si el diamante peruano debe pulirse o disfrutarse en bruto es un viejo dilema que también suele plantearse en relación a países y culturas del llamado ‘segundo mundo’, en previsión de que el desarrollo humano lleve aparejado la extinción de tradiciones y culturas cuya experimentación se convierte en toda una aventura vivencial. Lo cierto es que el Perú cuenta con recursos suficientes para prosperar y avanzar en una mejora equitativa de las condiciones de vida y ciudadanía de sus habitantes. Resta por saber si cuenta con capacidades y voluntad política real para llevar adelante tamaña empresa, y poder demostrarlo. Y si lo hará sin desnaturalizarse en exceso. Yo, por lo visto y oído, creo que sí.

Dedicado a Lucy, Manuel, Mapi, Carlos, Lulita, Abril y, sobre todo, al Monito Tití, auténticos inspiradores de esta aventura.

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Denis Itxaso