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Presos: agitación y convivencia

Hay una especie de angustiosa petición de auxilio tras el ampuloso discurso que difunde estos días el colectivo de presos de ETA. Aunque revestidos de su habitual jaculatoria política, los reos se han percatado de que ya nadie responde a sus órdagos y que sin la amenaza de la violencia, el eco de sus reivindaciones tiende a perderse en la inmensidad de la estepa ibérica. No en vano España arrastra serios y urgentes problemas que debe afrontar, y los cerca de 500 reclusos que permanecen en cárceles españolas y francesas vienen a ser ‘los últimos de Filipinas’ de una macabra aventura que ha quedado escrita con sangre y dolor en la Historia contemporánea de nuestro país por más que ahora se pretenda instalar un relato redentor de ese expediente.

Una cosa resulta evidente en la trayectoria del nacionalismo radical: que tan importante como llegar, ha sido para ellos llegar juntos; y la estrategia exasperante de pasos calculados y movimientos medidos desarrollada durante los últimos años constata el enorme valor político que confieren a que la locomotora alcance su destino sin perder ni uno sólo de sus vagones. En este contexto, el colectivo de condenados por delitos de terrorismo –con tradicional ascendiente en el MLNV– ha visto cómo, por diversas razones, su nuclear estrategia de permanecer compactados se iba resquebrajando. Por un lado, hace ya algunos años que significados presos tomaron la llamada vía Nanclares, asumiendo de forma individualizada las exigencias que el reglamento les impone para alcanzar el tercer grado que da lugar a determinados beneficios penitenciarios. Entre ellos, la petición de perdón, la buena conducta, y el sometimiento a un proceso individualizado. Por otro lado, la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, por la que se derogaba la aplicación retroactiva de la doctrina Parot, ha provocado la excarcelación inmediata de más de 60 presos de ETA, tras haber cumplido con sus condenas.

Con todo, a la masa de reclusos que siguen en penitenciarías españolas sólo les quedaba dar el paso de aceptar las exigencias legales para poder vislumbrar un horizonte análogo al de sus compañeros liberados. La soledad política con la que el nacionalismo radical ha estrenado su flamante andadura institucional y la escasa empatía trabada con el resto de sensibilidades y tradiciones ideológicas vascas les obliga a seguir dando pasos «de modo unilateral».

Más allá del estéril juego semiótico de ese mundo, lo que resta por ver es de qué manera y a qué ritmo comienzan a darse esos procesos individuales de reinserción para obtener el tercer grado. O, dicho de otro modo, si asumen la carga de la prueba que se han autoimpuesto y terminan de andar el trecho democrático que les falta, sin caer en la soberbia y el cinismo de reprochar al resto no sé qué responsabilidades para conseguir la paz. A estas alturas saben mejor que nadie que es precisamente ETA quien con su desarme y extinción más y mejor puede contribuir a su causa.

Una reciente encuesta de opinión realizada en Euskadi revelaba que la cuestión de los presos de ETA apenas aparece de modo espontáneo entre las preocupaciones de los vascos y vascas. Quizás por eso, y por la inviabilidad práctica de la amnistía desde todos los puntos de vista, Bildu realiza denodados esfuerzos por situar este tema en la agenda, tratando de superarse una vez más en su demostrada capacidad de convocatoria para exhibir músculo e impresionar e incomodar fundamentalmente al PNV, a quien le disputa la preciada hegemonía en el nacionalismo. Esta y no otra es la razón por la que los jeltzales – desbordados anteayer por la dinámica radical– se han sumado a última hora a esta manifestación: el temor a verse superados por una corriente de opinión nacionalista que hace abstracción de lo sucedido en el pasado y ha comprado de forma acrítica el irónico discurso de los derechos humanos que ahora preconiza la izquierda abertzale.

Resultaría catastrófico para afianzar la convivencia en Euskadi que la torpeza del PP en materia penitenciaria desembocara en un nuevo frente liderado por quienes nunca han defendido los derechos humanos.

Paradójicamente, el mejor aliado de toda esta deriva está en el Gobierno del PP. La controvertida operación judicial contra abogados de presos –que se ha percibido con un cariz político–, la inicial prohibición de la manifestación y la movilización alternativa celebrada en la capital vizcaína dibujan un escenario de división ciertamente preocupante. Resultaría catastrófico para afianzar la convivencia en Euskadi que la torpeza del PP en materia penitenciaria desembocara en un nuevo frente liderado por quienes nunca han defendido los derechos humanos. Es evidente que Rajoy quiere sacudirse buena parte de la presión política a la que le someten desde la caverna mediática y la derecha más levantisca, y por eso despliega maniobras que se sabe de antemano generarán opiniones encontradas, controversia y escrúpulos políticos. En todo caso, constituyen debates que el PP maneja en España mucho más cómodamente que el de la corrupción, el vaciamiento social de la Constitución, o el derecho al aborto.

En medio de este escenario teatral creo que todos debemos afanarnos en compartir una visión común y de fondo acerca de una Euskadi en paz en el horizonte de las dos próximas décadas. La inquietud y las urgencias por sus presos es lo único que emana actualmente de los portavoces de Bildu mientras la mayoría del resto de fuerzas políticas insistimos en la necesidad de vertebrar la convivencia en Euskadi, preservando la memoria de todas las víctimas, desterrando el odio y la intolerancia de nuestros espacios públicos, educando a las nuevas generaciones en valores cívicos, y promoviendo una nueva política penitenciaria que facilite realmente la reinserción y evite castigos añadidos e innecesarios a las familias de los reclusos. Cualquier tentación de emplear todos estos asuntos como arma de agitación y cohesión de las respectivas feligresías partidistas, representará un lastre fatal en términos sociales y un descrédito en términos democráticos.


Presos: agitación y convivencia
DENIS ITXASO MIEMBRO DE LA EJECUTIVA GUIPUZCOANA DEL PSE-EE
Diario Vasco
13 enero 2014

Hay una especie de angustiosa petición de auxilio tras el ampuloso discurso que difunde estos días el colectivo de presos de ETA. Aunque revestidos de su habitual jaculatoria política, los reos se han percatado de que ya nadie responde a sus órdagos y…Leer más…


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  1. Pedro dice:

    Denis, una pregunta: Pero la sentencia de Estrasburgo no era sólamente para Inés del Río?

    • denisitxaso dice:

      La sentencia de Estrasburgo se dictó a partir de un recurso interpuesto por la abogada de Inés del Río, efectivamente. Pero la lectura que se ha hecho de ella es, obviamente, la de que resulta identicamente aplicable a todos los reos a los que se les aplicó de forma retroactiva dicha doctrina. Esa es la razón por la que al final han terminado saliendo más de 60 reclusos de ETA y otros del GAL cuyas condenas habían sido prolongadas de acuerdo al mismo principio

  2. Rapayu dice:

    Euskal preso, iheslari eta deportatu politiko guztiak etxera!

Denis Itxaso