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Puerta a puerta Vs libre adhesión

El reguero de ciudadanos recelosos de un sistema de recogida de residuos urbanos rígido e impuesto en la mayoría de los municipios guipuzcoanos puede y debe llevarnos a una reflexión que trasciende al ámbito de la mera gestión de nuestras ciudades. Quizás sea conveniente buscar paralelismos en otros órdenes de las políticas urbanas para comprender que la pedagogía, la corresponsabilidad y la empatía juegan un papel tan esencial como la determinación y la firmeza, a la hora de alcanzar los objetivos políticos que nos autoimponemos.

Analicemos un episodio reciente con trascendencia mediática internacional: la ausencia de lluvias en la conurbación metropolitana de París ha provocado un aumento preocupante de la polución que ha llevado a las autoridades a adoptar decisiones drásticas como la de limitar el acceso del automóvil privado al centro urbano a días alternos, en función de las matrículas de los vehículos. Los impulsores de la medida no ocultaban su temor a provocar un caos circulatorio causado por ciudadanos rebeldes o desinformados. Sin embargo, antes de adoptar tan radical decisión, el Gobierno Francés decidió declarar gratuito el uso del transporte público, en un intento por hacer prevalecer medidas disuasorias y atractivas, sobre las de índole coercitivo y punitivo. La experiencia, que finalmente no se ha prolongado más allá de una única jornada, ha permitido rebajar drásticamente las partículas contaminantes en suspensión sobre el cielo de París.

Este es un ejemplo puntual pero, por lo general, toda autoridad metropolitana que pretende promover el transporte público sobre otros flujos modales basados en el vehículo particular, sabe que no hay como seducir a la ciudadanía con un sistema de movilidad colectivo, barato, cómodo, rápido y eficaz que equivalga en la práctica a una alternativa irresistible frente al automóvil privado. O, dicho de otro modo, aplicar la zanahoria antes que el palo.

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Volvamos ahora a Gipuzkoa y hagamos un análisis evitando prejuicios y vinculaciones ridículas con oscuros lobbies en materia de residuos. En los últimos días, diferentes mancomunidades que apostamos por el sistema de contenedores para la recogida de basuras, hemos dado a conocer datos que avalan este sistema como capaz de alcanzar altos niveles de adhesión ciudadana. La incorporación del quinto contenedor marrón para la recogida de la fracción orgánica biodegradable está permitiendo dar un salto cualitativo y cuantitativo que aún seguirá evolucionando a nada que las instituciones mostremos determinación y mano izquierda. En Donostialdea hay municipios que recogen con el método puerta a puerta menos kilogramos de envases ligeros o de orgánica por persona y año, que otros con el sistema de contenedores; en Legazpi, se han alcanzado umbrales de recogida selectiva cercanos al 75% con un sistema prácticamente basado en el contenedor (el 73% de la población ha optado por él); en Zarautz y Zumaia Bildu ha “plegado velas” ante el éxito del quinto contenedor que ha contribuído a alcanzar un 42 y un 45% de recogida de fracciones reciclables respectivamente; y en la comarca de Debabarrena se ha producido un incremento de 10 puntos en esta tasa de la noche a la mañana y más de un 90% de los vecinos se han sumado a la iniciativa del contenedor orgánico.

Todo ello viene a confirmar una realidad que muchos guipuzcoanos veníamos anticipando: un sistema cómodo, limpio, flexible y basado en la libre adhesión, termina generando usuarios más convencidos y militantes que los sometidos al Puerta a Puerta, que sobre todo en ámbitos urbanos y densamente poblados, ofrece rigideces y suscita comportamientos renegados. Es verdad que también hay ciudadanos que reconocen no sentirse alienados y colaboran disciplinadamente con el PaP, lo que no debe pasar inadvertido porque apunta a un nivel de concienciación y civismo elevadísimos. Pero no perdamos de vista que los sistemas deben dimensionarse con arreglo a pautas y necesidades de una gran mayoría, entre la que se incluyen no pocas personas mayores y/o con movilidad reducida para las que el estricto calendario de recogida, les supone un estresante calvario diario.

Opino que en política, la delgada frontera que hay entre la ambición y la soberbia es la que marca la diferencia entre liderazgos inclusivos e inspiradores de ilusión colectiva, y mandatarios obcecados en metas convertidas en amenazantes espadas de Damocles. Lo que está sucediendo en Gipuzkoa no es sino el síntoma de una política populista que invoca permanentemente al pueblo, al tiempo que ignora sus demandas. Un estilo que descalifica y estigmatiza como antiecologista a todo aquel que discrepe, patrimonializa y caricaturiza la defensa del medio ambiente –lo han hecho históricamente con la defensa del euskera o el feminismo-, y emplea el recurso paternalista de la imposición cuando la ciudadanía se rebela.


‘Puerta a puerta’ o libre adhesión
DENIS ITXASO PRESIDENTE DE LA MANCOMUNIDAD DE SAN MARKOS
Diario Vasco
24 marzo 2014

El reguero de ciudadanos recelosos de un sistema de recogida de residuos urbanos rígido e impuesto en la mayoría de los municipios guipuzcoanos puede y debe llevarnos a una reflexión que trasciende al ámbito de la mera gestión de nuestras ciudades….Leer más…


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Denis Itxaso