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El PSOE y los nuevos 'pobres del Mundo'

Este domingo a mediodía, cuando nuestros compañeros delegados en el Congreso extraordinario del PSOE clausuren el encuentro, entonarán la Internacional Socialista, un canto a los valores clásicos de la izquierda: solidaridad, fraternidad, justicia. Tenemos la obligación de regresar a ellos, aunque cambiando de miradas, de lenguajes y de estilos. Poner todo nuestro talento, toda nuestra emoción y todo nuestro compromiso con los viejos y nuevos pobres y parias de la Tierra, pero siendo muy conscientes de las profundas transformaciones que han alterado los frágiles equilibrios de poder entre los poderosos y la famélica legión, y de las nuevas formas de dominación que proliferan en lo que conocemos por primer Mundo. Colectivos desfavorecidos como los jóvenes mejor preparados y en desempleo, los trabajadores pobres, los emprendedores precarios, las familias desahuciadas, los científicos en el destierro, los inmigrantes criminalizados, los pensionistas que no llegan a fin de mes, las PYMES con ahogo financiero, los profesionales de la cultura que malviven, y, en general, todas las víctimas de la dictadura de la desigualdad.

También necesitamos empatizar con un creciente espectro de jóvenes cuya filosofía supera los nacionalismos crudos y muestra una creciente inquietud por los problemas que trascienden nuestras propias fronteras. Profesan una ideología progresista, priorizan la acción sobre los postulados teóricos y abogan por la necesidad de pensar de manera global y de ver al ser humano como raza, ofreciendo respuestas a los angustiosos retos que nos plantean, por ejemplo, la pobreza o el cambio climático. Y es que la globalización ha traído consigo la activación de una opinión pública de carácter planetario tan influyente como nunca antes en la Historia.

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Este artículo ha sido publicado el sábado 26 de julio en el Diario Vasco

Creo que el diagnóstico de nuestros pesares podría asemejarse al de un alumno con bajo rendimiento escolar: hemos adolecido de un déficit de atención y de un problema de actitud. El nuevo liderazgo del Partido Socialista deberá, en ese sentido, adoptar una actitud de combate ante el desasosiego de la ciudadanía que no alcanza a ver la salida a incontables problemas y que ha comenzado a optar por alternativas populistas o demagógicas ante la amenaza de su cronificación. Prestigiar la dialéctica partidista pasaría por recuperar la capacidad de la política de transformar realidades no deseadas. No es casual que en los últimos años haya prosperado el marketing político del ‘yes we can’ o del ‘podemos’, como catalizador de la infructuosa búsqueda de palancas de cambio. Las directrices económicas de la Troika o del FMI no son vistas con desconfianza sólo por la injusticia social que encierran, sino porque ilustran la rendición de la política democrática, superada por la evaporación de la soberanía en ámbitos gaseosos de poder que no alcanzamos a controlar.

Por eso, y porque no podemos renunciar a la vocación internacionalista del socialismo, el nuevo PSOE liderado por Pedro Sánchez, también deberá hacer pedagogía en política internacional poniendo el foco en problemas endémicos sobre los que debemos mantener viva la llama de la solidaridad. Me refiero a cuestiones globales que abren los noticiarios pero que apenas merecen atención aunque afecten directamente a la libertad y la igualdad de muchas personas a lo largo y ancho del Planeta, así como al respeto a los Derechos Humanos, a la sostenibilidad energética, a los nuevos fenómenos migratorios, al empobrecimiento de los ecosistemas, al agotamiento de recursos naturales o al acceso universal a la educación y a la salud.

Llevamos cierto tiempo instalados en un equívoco que quizás explique la tibia reacción que hasta ahora venimos dando a la crisis política que vivimos. El error ha consistido en creer que reinaba entre las clases medias una evidente desafección hacia la política. Pero el hastío se ha producido hacia viejas maneras de hacer política, hacia el debate insustancial basado en el reproche permanente, hacia las representaciones impostadas que buscan la exageración de los problemas, hacia la cacofonía de voces que se entremezclan en el espacio público sin que se produzca un verdadero debate ideológico. Nuestro adversario real es la desilusión, la apatía, la desconfianza, el malestar, la crítica -muchas veces injusta pero demasiado generalizada- hacia la política democrática.

El desapego no lo es en esencia hacia lo político ni hacia la vida pública. La profundización de la democracia, las demandas de mayor transparencia ante los casos de corrupción, la independencia de la justicia, el sostenimiento del estado de bienestar y el empoderamiento de la política sobre las veleidades financieras constituyen ejemplos vivos del interés creciente que despiertan determinados debates más allá incluso de restringidos círculos o élites intelectuales. Paralelamente, las redes sociales han sofisticado aún más las técnicas de comunicación, y el debate participativo y espontáneo se sucede de forma continua devaluando el protagonismo formal de los partidos políticos.

En medio de este panorama se hace evidente que el PP está muy interesado en confrontar políticamente con opciones populistas para fragmentar a la izquierda y desplazar al PSOE de todos estos debates. Es una táctica que nos emplaza a dotar de crédito y rigor a nuestras propuestas frente a otras que seducen al público con respuestas fáciles, apelando a una épica carente de contraste práctico en el campo de la gestión. El espacio sociológico de la izquierda transformadora, útil, no dogmática, moderna y coherente sigue siendo mayoritario en España, y el PSOE está llamado a reconquistarlo. Agrupémonos todos, en esta lucha crucial.

Denis Itxaso