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Amsterdam, deleite para los sentidos

No descubro nada si digo que Amsterdam rezuma libertad y libertinaje a partes iguales. Tampoco si alabo la gran cantidad de actividades y espacios culturales con que cuenta, especialmente en verano, cuando la atmósfera de los canales se vuelve tan elegante y atractiva. Pero como todo destino urbano, también se presta a relecturas a través de recomendaciones y descubrimientos de rincones y momentos no colonizados por el turismo más convencional. Eso es lo que pretendo hacer precisamente en este post, para todo aquel que cuente con unos días en la capital de los Países Bajos y se quiera aprovechar de nuestra experiencia. Vaya por delante que nosotros hemos dispuesto de 10 grandes días, de modo que enumeraré los planes tratando de priorizar aquellos que considero irrenunciables. La segunda premisa tiene que ver con la conveniencia de hacerse con unas bicis de alquiler. Hasta que no te subes a una bicicleta no adquieres rango de ciudadano en Amsterdam. Al principio puede agobiarte el ritmo que tiene el tráfico de dos ruedas, pero pronto comprendes su lenguaje, y que la ciudad está realmente pensada para favorecer este ágil y práctico medio de transporte.

Efectivamente no sólo de Anna Franck y Van Gogh vive Amsterdam. El RijksMuseum ha reabierto sus puertas hace unos meses tras varios años de rehabilitación y vuelve a exhibir las joyas pictóricas de la edad de oro neerlandesa con obras maestras de Renbrandt, Steen, Vermeer y Hals, entre otros muchos, y constituye en sí misma una visita muy agradable con nuevos espacios de estancia. El museo de la ciudad también ofrece una interesante visita. Expone, casi a modo tutorial todo lo que hay que saber sobre la historia de la capital y su genética tolerante. Resulta muy didáctico y explica muy bien la ‘alteración’ y el movimiento iconoclasta que tuvo lugar en el XVII cuando los neerlandeses se quitaron de encima a los españoles y su catolicismo, y es un buen aperitivo introductorio que permite comprender mejor el legado pictórico que luego veremos en museos y galerías.

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Eye, un centro de y para el cine

Nuestro particular descubrimiento, sin embargo, se levanta a orillas del lago Ij, que originariamente fue una bahía y que hoy atraviesa de costa a costa la península de Holanda del Norte conectando el puerto de Amsterdam tanto al Canal de La Mancha como al Mar del Norte. Se trata del Eye, un edificio de arquitectura moderna que alberga el Instituto del cine y la filmoteca nacional, con espacio para exposiciones, salas de exhibición y una gran cafetería a modo de anfiteatro interior que lo hacen muy atractivo. La panorámica de amsterdam desde ese lado del Ij resulta además muy sugerente. El ferry que cruza cada 5 minutos es gratuito y no necesitas ni bajarte de la bicicleta para llegar hasta allí.

El barrio más pintoresco, la quintaesencia de Amsterdam, sigue siendo el Jordaan, originalmente zona de clases trabajadoras entre las que prendió el espíritu combativo y no pocas organizaciones sindicales. Con el tiempo y el aburguesamiento posterior se transformaría en un barrio muy agradable y tranquilo, plagado de galerías, restaurantes, tiendas de antigüedades y de comida elaborada para llevar. Una de las calles más concurridas es Harleemerstraat, con comercios y cafeterías deliciosas.

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Café Langereis, buen ambiente a cualquier hora del día

Pero hay cafés con personalidad y solera que uno no debe perderse si visita Amsterdam. Café Langeréis cerca de Rendbrandtplein, por ejemplo, tiene un aroma berlinés muy genuino, y tanto en cualquiera de las mesitas de fuera como en el interior puedes relajarte a ver la vida pasar. Café Brecht, en las inmediaciones del Rijksmuseum, es otro local que te transporta a los años 30. Sus butacas roídas, el mobiliario, los retratos vintage, todo guarda una recargada armonía y sólo echarás en falta clientas que fumen con boquilla. Aunque fumar, sólo lo podrás hacer en los coffeshops, que como todo el mundo sabe es el lugar al que acudir para comerte un bizcocho especial -y espacial- o fumarse un cigarrillo enriquecido. La oferta es abrumadora, pero quizás la más luminosa y divertida es De Dampkring. No forma parte del circuito turístico porreta y el clima huye del concepto antro.

Otro de los atractivos de la capital del Amstel es la gastronomía, aunque no precisamente la local, si no la internacional, con la que tropiezas a cada paso también como recordatorio de la metrópoli colonial que un día fue Holanda. Y es que el multiculturalismo está presente en el mosaico étnico que conforma su paisaje humano, así como en la oferta culinaria. Nosotros acertamos acudiendo a Casa Perú (€€), al restaurante Tibet (€) y al etíope Abysinnia (€), y lo hicimos porque seguíamos consejos de amigos que conocen bien la ciudad. Aunque la experiencia más delicada la obtuvimos en Gartine, un pequeño café escondido en una callejuela estrecha del centro en el que ofrecen unos bruchs de muerte. Ofrecen comida orgánica y slow food, y su carta incluye menús montados por 20€ que incluyen sopas de verduras, finos sandwiches, acompañado por té a discreción y una repostería suculenta para rematar. A no perderse.

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Praderas en Amsterdamse Bos, idílico bosque a las afueras de Amsterdam

Si se dispone de tiempo y tienes ganas de relajarte haciendo deporte, Amsterdamse Bos es el lugar a donde ir. Es verdad que Amsterdam cuenta con muchos y hermosos parques y esplanadas verdes en el centro de la ciudad. Pero el bosque que se construyó en las afueras a finales del XIX como parte de un ambicioso plan de empleo, es hoy un idílico lugar donde hacer piragüismo, correr, andar a caballo o en bicicleta en plena naturaleza. En escasos 40 minutos de pedaleo se puede llegar, y, una vez allí existe un centro de interpretación con toda la información sobre las 900 hectáreas -algunas zonas se encuentran protegidas como parque natural- de este bosque con elegante fragancia inglesa.

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Alquilar un bote para recorrer los canales es la mejor manera de descubrir y disfrutar de la ciudad

Alquilar un bote para recorrer los canales del centro de la ciudad es una auténtica delicia. Sale un poco caro (85€ por tres horas) si vas en pareja, y obviamente compensa buscarse un grupito de 6 personas como máximo para aliviar el coste. Entre la oferta que existe, la tarifa más barata la encontré en Boats4Rent, y la verdad es que el servicio que prestan es similar en todas las compañías. Recorrer plácidamente el Prinsengracht el Herengracht o el Keisergracht habíendose avituallado con queso y vino en la motora -no te digo si te llevas un pequeño amplificador para reproducir algo de jazz desde el smartphone- viene a ser el colmo del esnobismo, pero es verdad que constituye un irresistible deleite.

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Volendam es una pequeña villa costera con cierto encanto y sabor a queso

En la misma provincia holandesa en la que se encuentra la capital se pueden visitar también localidades como Leiden, La Haya, Delft y Utrecht. El tren funciona muy bien y es una opción recomendable si se va a alguna de esas localidades para después regresar a Amsterdam, pero hacer un periplo que incluya todas ellas en una única jornada, aconseja alquilar un utilitario. Son ciudades provincianas que se caracterizan por sus amables cascos históricos y esbeltas iglesias -en La Haya se puede visitar además el Mauritshuis, galería de arte que atesora una sorprendente colección pictórica en la que destaca la popular ‘Joven de la Perla’-. y merece la pena conocerlas, aunque tienen poco que ver con la capital, mucho más cosmopolita y bulliciosa. Nosotros somos unos animados y nos atrevimos a emplear otro día viajando en bicicleta a Volendam y Edam, localidades costeras al norte de Amsterdam y conocidas por sus factorías de queso. En total sumamos 50 kilómetros, y otros tantos se deben recorren entre ida y vuelta si se quiere visitar la cercana y no menos atractiva Haarlem.

En suma, si París bien vale una misa, Amsterdam bien vale otra. Su tradición tolerante, su conversión protestante, su generoso patrimonio histórico artístico, su rico y variado programa cultural, su vertiente gamberra, su atmósfera elegante, sus aportaciones arquitectónicas, su testimonio de la ocupación y persecución nazi y su bicicleta omnipresente, la convierten en una capital apetecible en cualquier época del año y en un fabuloso festival para los sentidos.

  1. Estuvimos en mayo, hace tres años, con muy mal tiempo, y nos encantó la cuidad. Fueron 5 días de los que guardo un gran recuerdo. Si encima nos hubiera hecho buen tiempo…

  2. denisitxaso dice:

    Lo del tiempo es bastante determinante en Amsterdam, y la lluvia suele ser habitual también en verano. A nosotros nos ha llovido unos cuantos días y la temperatura era fresquita. Pero hace unos años estuve en julio una semana y fue glorioso disfrutar la ciudad con solazo diario.

Denis Itxaso