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¿Cadena perpetua? No estoy de acuerdo

Asistimos estos días a la conformación de un acuerdo antiterrorista entre el PP y el PSOE para hacer frente a la nueva amenaza que supone el yihadismo, que ha perpetrado sonoros atentados criminales en el corazón de Europa. Al parecer, ambas formaciones se han dado un breve plazo para seguir negociando y el tema de mayor discrepancia sería el de la inclusión en dicho acuerdo de una mención implícita a la cadena perpetua que el PP quiere incorporar.

Si el PSOE asume la cadena perpetua -o la prisión permanente revisable, como eufemísticamente se le quiere llamar ahora- como una de las medidas a adoptar frente a la amenaza del fanatismo islámico, estará renunciando al principio resocializador y reinsertador que la Constitución confiere a las penas de cárcel. Un sistema que el propio PSOE construyó y que ha gozado de amplio consenso ciudadano desde la transición. Yo no soy un experto jurista y hablo desde la pura sensibilidad política, pero creo que endurecer el código penal es una respuesta fácil que los gobiernos sin ideas tienden a adoptar para satisfacer los instintos primarios de una ciudadanía cuya conciencia se ha militarizado a causa del miedo, de la incertidumbre y de la falta de respuestas. Sería un grave error que los socialistas abdicásemos de nuestros valores, y de nuestra propia visión sobre la seguridad y la libertad, por más que la amenaza terrorista esté radicalizando a la opinión pública.

Cabría preguntarse qué grado de eficacia tienen este tipo de medidas punitivas en las mentes fanatizadas de quienes matan y mueren por su Dios, y por tanto albergan un sentido muy devaluado de la vida humana. O dicho de otro modo, ¿Es la cadena perpetua un mensaje que disuadirá a los criminales, cuyas lógicas y comportamientos obedecen a coordenadas radicalmente distintas a las occidentales? ¿O es más bien un gesto para calmar a los sectores más levantiscos de la derecha, que propugnan el ‘ojo por ojo’ y una política basada en la venganza?

Si el endurecimiento de las penas no va acompañado de otras medidas de mayor calado en el campo educativo, cultural y social, no se estará atacando el problema de fondo. Porque la auténtica pelea es contra el sustrato de odio y resentimiento sobre el que crecen patologías sociales tan brutales y perversas. Y eso requiere que junto a la necesaria labor de las fuerzas de seguridad y de los servicios de inteligencia, se realice una inversión de fondo por la integración multicultural, para evitar que en estas bolsas de desengaño y frustración social termine por prender la llama del odio y de la exclusión.

Cierto es que la izquierda no debe renunciar a ofrecer una respuesta solvente al problema de inseguridad que trae aparejado el fenómeno terrorista, y que la seguridad también es un derecho que debe satisfacer el Estado democrático, pero no lo es menos que la izquierda debe poder ofrecer sus propias recetas. Políticas entre las que también han de figurar medidas de alerta temprana para identificar comportamientos asociales de personas que, aún estando atendidas por el Estado -como lo habían estado los terroristas del atentado de París, franceses de segunda generación- puedan estar incubando actitudes extremistas. Medidas también de índole pedagógico, social y económico que contribuyan a vertebrar mejor esta sociedad, plurilingüe, multiétnica y cada vez más mestiza.

En suma, me parece corto de miras pretender resolver un problema del siglo XXI con recetas del XIX.

  1. iñigo dice:

    Me parece, estimado Denis, que no se puede caer en ingenuidad cuando hablamos de estos temas. ¿Qué porcentaje de presos merecen esa cadena perpetua revisable? Posiblemente muy pocos, menos del 0,5%, si llega. Y te dejo un ejemplo: ¿merece la persona conocida como “Nannysex” estar en la calle? Posiblemente este hombre salga algún día. Cuando cumpla los 80…

    • denisitxaso dice:

      Kaixo Iñigo. Pienso que si se analiza el fenómeno criminal en su conjunto, incluído el efecto sobre las víctimas y el miedo que genera en la población, es de dudoso encaje el que situemos el yihadismo en un plano distinto al de, por continuar con tu ejemplo, Nannysex…

      Lo que tenemos que garantizar, sobre todo para evitar que se extienda esa sensación de impunidad que tanto enciende a la sociedad, es que las penas se cumplan iíntegramente sin posibilidad alguna de redención. Por otro lado, la escalada de endurecimientos en el código penal podría no tener fin, porque siempre van a seguir existiendo por desgracia casos así. Y la frustración aumentará de nivel.

      Siento que lo veas como una posición de pura candidez, pero España es hoy por hoy uno de los países europeos con menor índice de criminalidad. Te adjunto los datos:
      http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=30697

  2. joseba dice:

    muchos ciudadanos vascos viven y han vivido una cadena perpetua impuesta a plomo por ETA.

    hoy esa cadena perpetua sigue impuesta en la sociedad, que la mina a través del miedo y las amenazas.

    resistiremos porque el pueblo vasco somos fuerte, y mandaremos a la cárcel a todo aquel que lo merezca por pertenecer a un grupo asesino como ETA o su entorno de complices acólitos que cayan bajo amenaza de sentirse desplazados y repudiados por un entorno absurdo en el que quien tiene las manos manchadas de sangre adquiere categoría de SM Rey.

    al fin y al cabo la derecha rancia y la izquierda asquerosa no son tan diferentes, y el que está en la cárcel, algo habrá hecho para merecerlo

Denis Itxaso