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Gipuzkoa-San Sebastián, hora de aliarse

Debemos trabajar conjuntamente para que las inversiones y programas estratégicos del Gobierno Vasco recalen en nuestro Territorio en mayor medida de lo que lo hacen ahora

Gipuzkoa y San Sebastián han vivido demasiado tiempo de espaldas, con una distancia recíproca que hunde sus raíces en la historia, en la desconfianza política y en la sicología colectiva. Sin embargo, el mundo globalizado y competitivo en el que vivimos, y las nuevas generaciones desprovistas del peso de los estereotipos identitarios, nos ponen en bandeja la oportunidad de cambiar esas inercias y sentar nuevas bases sobre las que progresar juntos y ganar peso específico y capacidad de influencia en Euskadi.

La ciudad es para más del 50% de la población mundial el ecosistema en el que nos desarrollamos, el lugar donde aspiramos a formarnos, trabajar, disfrutar, ligar, crear familia y, en definitiva, el campo de operaciones en el que puedan prosperar o frustrarse nuestros proyectos de vida. Sin embargo, que muchas de nuestras ilusiones se puedan cumplir depende de las oportunidades de todo tipo que nos brinde la ciudad en la que vivimos y del posicionamiento que nuestro territorio ocupe dentro de esa carrera global de atracción de talento e innovación en la que se ha convertido el mercado de las urbes intermedias. Ser conscientes de esa realidad -muy poco romántica pero perfectamente constatable- es quizás la premisa sobre la que hay que sentar toda estrategia de ciudad.

En este escenario, el magnetismo de un territorio suele estar asociado a la existencia de universidades, centros tecnológicos, una oferta cultural diversa y transformadora y un comercio rico y de calidad, pero también depende de un entorno ambientalmente sostenible, de una pirámide poblacional pujante y de una masa crítica de población suficiente que de lugar a que puedan germinar tribus urbanas capaces de generar tendencias de cambio. Lograr sumar todos estos ingredientes es el Santo Grial que todas las ciudades persiguen y muy pocas alcanzan.

En este tiempo nuevo sin violencia en Euskadi, nuestras ciudades afrontan estos retos comunes con una buena parte de las tareas bien encaminadas. Gozamos en términos generales de una economía con fuerte peso industrial, una calma social y política sin precedentes en democracia, unos servicios sociales modélicos, unas cotas de inversión de I+D+i considerables, una notable capacidad exportadora y un atractivo turístico basado en nuestra geografía, gastronomía y personalidad cultural. Sin embargo, da la impresión de que en Gipuzkoa seguimos sin aprovechar adecuadamente nuestras ventajas competitivas para despegar definitivamente como territorio.

San Sebastián tiene un gran potencial y una gran proyección y superar las cotas alcanzadas resulta muy ambicioso para una ciudad que no llega a los 200.000 habitantes y que ya ofrece un abanico de servicios y actividades culturales muy por encima de lo habitual en las ciudades de su tamaño. Gipuzkoa proporciona masa crítica para abordar proyectos y objetivos de una metrópoli de 720.000 habitantes. Se trata de un territorio equilibrado y conectado a través de un corredor transfronterizo con la conurbación Baiona-Anglet-Biarritz. Para los gipuzkoanos, Iparralde no es otra cosa que la Europa de andar por casa, y los vascofranceses recalan en Gipuzkoa cada vez con mayor frecuencia y en mayor número. Con todo, lo único que necesitamos es compartir esta mirada para poner en marcha una estrategia común y posicionarnos con ambición entre las ciudades relevantes de nuestro entorno europeo.

Gipuzkoa y Donostia debemos trabajar conjuntamente para lograr una conexión ferroviaria metropolitana con Baiona; para articular una promoción turística que aproveche la proyección internacional de la marca ‘San Sebastián’; para ofertar una programación cultural transformadora, atractiva, de gran calidad y coordinada entre las instituciones; para mejorar la movilidad apostando por el Metro de Donostialdea; y para hacer de Pasaia un auténtico espacio de las oportunidades, regenerado urbana y socialmente. Y también y sobre todo para lograr que las inversiones y los programas estratégicos del Gobierno Vasco recalen en Gipuzkoa en mayor medida de lo que lo hacen ahora.

No hay razón para pensar que los viejos desencuentros que han separado históricamente a San Sebastián de Gipuzkoa deban de prolongarse en el tiempo. Las nuevas generaciones no arrastramos el peso de esa historia según la cual San Sebastián miraba con cierto complejo de superioridad a todo lo que sucediese a su alrededor, y el Territorio mantenía una desconfianza cultural hacia el liberalismo reinante en su capital. Muchos jóvenes donostiarras no pueden seguir viviendo en el término municipal por la carestía de su vivienda, pero siguen vinculados emocional y socialmente a la ciudad aún cuando hayan recalado en su entorno metropolitano.

Ciertamente Gipuzkoa, a diferencia de otros Territorios, cuenta con diferentes polos de atracción y desarrollo económico y turístico. Nuestras comarcas son urbanas y en ellas es posible vivir, trabajar, disfrutar y consumir. No tenemos, salvo contadas excepciones, “barrios dormitorio”, ni monocultivos económicos basados en grandes emporios internacionales. Por contra, presenta un tejido socioeconómico y cultural diverso, plural y atomizado en pequeñas y medianas células, muchas de las cuales tienen un sustrato social basado en el voluntariado. Y todo eso, lejos de representar un problema, permite disfrutar de una red muy tupida y muy rica que tiende a colaborar y no sólo a competir, y que prioriza tanto la generación de riqueza como la distribución solidaria de la misma. Pero ninguno de estos valores es por sí mismo suficiente para asegurar un posicionamiento exitoso, y la notoriedad internacional y la capacidad tractora de la que goza San Sebastián se erige así en un complemento inmejorable.

Desde hace tres meses contamos con gobiernos de coalición estables y de mayoría en la Diputación Foral y en muchos ayuntamientos; gobiernos capaces de representar la pluralidad ideológica y política que hasta hace bien poco se ignoraba y hasta se combatía. Gobiernos que estamos llamados a tejer complicidades y remar en la misma dirección. Aprovechemos esta ocasión única para aprender de los errores del pasado y caminar conjuntamente. Y pronto comprenderemos que desde esas premisas, lo mejor está por llegar.


Gipuzkoa-San Sebastián, hora de aliarse
DENIS ITXASO PRIMER TENIENTE DE DIPUTADO GENERAL DE GIPUZKOA (PSE-EE)
Diario Vasco
30 agosto 2015

Debemos trabajar conjuntamente para que las inversiones y programas estratégicos del Gobierno Vasco recalen en nuestro territorio en mayor medida de lo que lo hacen ahora G ipuzkoa y San Sebastián han vivido demasiado tiempo de espaldas, con una…Leer más…


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Denis Itxaso