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La última galerna de Aita Mari

Mari! Urikalduak salbatu nayaz eman zenduben biziya. Ta gaur daukazu, goitalchatuaz obiz itsaso aundiya: ¡Lo egin zazu baga zoñuaz... O gizon maitagarriya! Onraturikan zure gloriyaz Donosti eta Kantauriya.

Se cumplen hoy 150 años de la muerte de Aita Mari, todo un símbolo en la historia de la costa gipuzkoana. José María Zubia, que así se llamaba el zumaiarra, era un arrantzale que se convirtió en héroe popular por la cantidad de salvamentos que llevó a cabo. Su busto nos saluda en el muelle de San Sebastián y nos recuerda la fuerza poderosa y enigmática del mar, la despiadada lógica contra la que el hombre lucha, siempre, en inferioridad de condiciones.

Aita Mari murió un día como hoy en 1866. En un nuevo desafío a los temporales del Cantábrico, había conseguido reunir en una txalupa a una cuadrilla para salvar a unos arrantzales de Getaria que buscaban refugio en la Bahía de la Concha. Pero en el último momento, y tras haber puesto a salvo a los náufragos, un golpe de mar se lo llevó para siempre. Su incansable labor de auxilio en el muelle donostiarra acuñó después toda una leyenda y un mito, pero en este caso no era imaginario ni inventado. Aita Mari será recordado siempre como el valiente y generoso marino que desafiaba a las galernas y zarpaba del puerto cuando alguna embarcación amenazaba riesgo de naufragio, episodios entonces muy frecuentes por la precariedad de condiciones técnicas y las imprudencias propias de le época, sin medios para alertar la llegada de las borrrascas o para advertir del estado de la mar. Aita Mari fue en aquellos tiempos todo un símbolo de la solidaridad entre viejos lobos de mar y su lección aún permanece amarrada a puerto.

imageMuchos de quienes hemos crecido en la costa sentimos la magnética atracción del mar, pero también un inmenso respeto hacia su poder. Yo, como pasaitarra de nacimiento, tengo mi memoria sentimental muy ligada a Aita Manuel (zu etxerako, Manuel), el patrón que logró hace ahora un siglo los mejores éxitos para la tripulación sanpedrotarra. Aita Mari es otro de los iconos, de cuando los arrantzales se adentraban en el mar en pequeñas embarcaciones y a remo, mucho antes de que llegara el vapor; tiempos en que las mujeres -como nos explicará muy pronto la magnífica exposición monográfica que hemos organizado desde el Untzi Museoa-, desempeñaban otras muchas funciones ligadas al mar.

Esta mañana fresca y luminosa de enero y bajo nuevas amenazas de temporal, hemos ido a recordar y tributar un homenaje a Aita Mari en el muelle donostiarra, porque la historia se construye también con las hermosas gestas de estos héroes cotidianos y un pueblo que no recuerda es un pueblo que no aprende.

  1. tere dice:

    Muy bonita historia , llena de sensibilidad, la verdad, siempre que he pasado por el puerto y he visto el busto de Aita Mari, y paseabamos de jovencitos por ahí lo veíamos pero no sabíamos la historia, AHORA ESTOY CONVENCIDA QUE ES UN PERSONAJE ILUSTRE MÁS DE LA CIUDAD, FELIZ FIESTA DE SAN SEBASTIAN , DENIS,¡¡
    p.d. :quítame del pozo de los desterrados del facebook, que la “malicia”, ya se me ha pasado¡¡ingrato??
    UN ABRAZO¡ Y SIGUE COMO SIEMPRE¡¡

Denis Itxaso