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2016, el despertar de Breslavia

El Alcalde de Wroclaw inaugura la capitalidad cultural de 2016 con un alegato crítico con los nacionalismos y a favor de más Europa

Este fin de semana las instituciones vascas hemos sido invitadas a participar en los actos inaugurales que celebra la ciudad polaca de Breslavia para estrenar la capitalidad europea de la cultura que comparte con San Sebastián durante este año. La verdad es que de tanto estudiar y difundir los valores asociados al proyecto donostiarra me ha costado asimilar un concepto de evento tan distinto al nuestro, porque ciertamente las capitales Breslavia y San Sebastián se parecen poco en sus fundamentos aunque compartan inquietudes similares ligadas al multiculturalismo, la tolerancia y las identidades compartidas.

Breslavia ha merecido múltiples denominaciones a lo largo de su historia fruto de las vicisitudes políticas vividas durante siglos. Alemana durante buena parte de su historia, Wroclaw (que así se llama en polaco; en alemán Breslau, en checo Vratislav, y en latín Vratislavia) es una ciudad de 630.000 habitantes con estatus de distrito urbano situada en el voivodato de Baja Silesia, en el suroeste de Polonia, junto al río Oder y entre las colinas de Trzebnica y los Sudetes. Es la segunda ciudad que más crece de Polonia por detrás de Varsovia, y pretende con la capitalidad cultural maximizar ese dinamismo para, entre otras cosas, seguir compitiendo con Cracovia, la ciudad polaca del patrimonio y la cultura por excelencia. Se da la circunstancia de que Breslavia es prima lejana de San Sebastián, al encontrarse hermanada con la ciudad alemana de Wiesbaden, a su vez nuestra principal ciudad hermana.

Tras la II Guerra Mundial y los acuerdos de Potsdam y Yalta, la región de Silesia pasa a formar parte de Polonia, y cientos de miles de alemanes son deportados de Wroclaw al país germano. Prácticamente vaciada, la repoblación de la ciudad se produjo a lo largo de la postguerra, en gran parte con polacos del centro de Polonia pero también con los que habían sido transladados de Leópolis (hoy Ucrania) al finalizar la contienda. Esta ola migratoria resultó bestial, pues la operación se completó en apenas tres semanas y -como se encargan de explicar los lugareños con acierto plástico- “cuando aún no se habían sofocado por completo los incendios originados por los bombardeos”. Así, pocos son los ciudadanos menores de 50 años que hundan sus raíces en Wroclaw y esto da una idea de la ardua tarea que ha supuesto durante décadas coser y dotar de identidad a una comunidad conformada a golpe de deportaciones. Durante la guerra fría la Alemania Federal mantuvo la expectativa de poder recuperar esta región polaca y no fue hasta la reunificación germana que, presionados por la comunidad internacional, Alemania renunció definitivamente a Silesia y se aparcó por fin esa prolongada sensación de provisionalidad que reinaba en Wroclaw.

Pongamos que con estos mimbres, la capitalidad europea de la cultura parecía una buena excusa para escarbar en este acelerado proceso sociopolítico y sus consecuencias, tal y como de algún modo hemos hecho en San Sebastián con las heridas dejadas por la dictadura y el terrorismo en nuestra convivencia ciudadana. El discurso del Alcalde de Wroclaw en el principal acto protocolario de los fastos inaugurales y, sobre todo, las palabras del Comisario Europeo de Cultura y Educación resultaron muy ilustrativas del principal mensaje que se pretende proyectar con esta cita: una denuncia de los fanatismos -se citaron los atentados islamistas en Europa y la guerra que aún asola a la vecina Ucrania-; de los excesos nacionalistas -fue significativa la larga ovación que recibió tras decir que necesitamos menos nacionalismo y más Europa-; y una reivindicación de las artes, de la belleza y del diálogo para construir una Europa abierta, mestiza y tolerante. Escocieron las palabras del Ministro polaco de cultura, totalmente alejadas del proyecto cultural y desde unos planteamientos ultraconservadores. Éste, además de glosar la figura de Juan Pablo II, reivindicó reiteradamente los principios del cristianismo y de la “autocontención” como valores a preservar, palabras por las que obtuvo un sonoro abucheo y que parecen haber abierto una tormenta política en Polonia.

Uno de los momentos del espectáculo "the great awakening" con l que Wroclaw ha inaugurado su capitalidad cultural

Uno de los momentos del espectáculo “the great awakening” con el que Wroclaw ha inaugurado su capitalidad cultural

El programa cultural de Wroclaw 2016 está segmentado en 8 disciplinas artísticas que no están vinculados entre sí, ni conforman un relato estructurado, lo que quizás constituya la principal diferencia con el proyecto donostiarra. Son programas para los que se han designado comisarios que han desarrollado su propuesta artística con una cierta autonomía. Eso si, hay cuatro ‘espíritus’ que en el acto inaugural estuvieron representados por cuatro grandes columnas de ciudadanos que terminaron confluyendo en la plaza del mercado, el centro histórico de la ciudad. Se trata del espíritu de la inundación, de la tolerancia religiosa, de la innovación y de la reconstrucción. El artista Chris Baldwin se ha encargado de dirigir la performance bajo el título “El gran despertar”, que ha tenido un coste aproximado de 4 millones de € y me recordaba a los espectáculos que suele diseñar la Fura Dels Baus.

La visita ha resultado muy útil a la hora de experimentar de cerca el desarrollo de un fin de semana inaugural, y la verdad es que tanto la oficina de la capitalidad como el propio Ayuntamiento de Wroclaw nos han prestado todas las atenciones posibles. Deseamos de corazón que el proyecto cumpla con sus objetivos y que en efecto la creatividad y la participación contribuyan a la difusión de esa cultura de los valores que desde San Sebastián compartimos con ellos.

Un instante de la "Silent Disco", una fiesta en la que cada uno bailaba la melodía que escuchaba en sus auriculares

Un instante de la “Silent Disco”, una fiesta en la que cada uno bailaba la melodía que escuchaba en sus auriculares

  1. tere dice:

    Fabulosa crónica de la Capital polaca de Wroclaw, candidata a ser la Capital Europea de la Cultura , y merecedora , por su trayectoria sociocultural y su historia, me ha encantado, cumple todos los requisitos para serlo. Como de las cenizas, pueden surgir grandes ciudades que me gustaria conocer en el futuro.De nuevo, gracias Denis, por acercarnos esta gran ciudad a nosotros/as. un saludo.

Denis Itxaso