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La página más negra de Hollywood

“Trumbo, la lista negra de Hollywood” vuelve sobre una de las páginas más oscuras de la historia contemporánea de los Estados Unidos, el Macartismo, y repasa casi a modo de documental el enorme daño moral inflingido por el sectarismo anticomunista a buena parte de la industria del cine y sus creadores a mediados del siglo XX.

Dalton Trumbo fue un guionista de éxito cuya carrera en el mundo del cine fue destrozada por su filiación política en plena guerra fría. Su nombre fue incorporado junto a cientos de comunistas norteamericanos a una lista negra auspiciada por la Comisión de Actividades Antiamericanas, encarnado en este filme por Hellen Mirren, cómodamente encajada en el papel de inquisidora mayor y guardián de las esencias y valores de la democracia norteamericana. Trumbo y su familia fueron convertidos en auténticos apestados en medio de un ambiente político irrespirable al que se llegó con el triste concurso de determinados mandamases de Hollywood y no pocas estrellas del celuloide como John Wayne, Gary Cooper, Ronald Reagan o Robert Taylor, algunos de los cuales actuaron así por miedo a represalias y a ser apartados de la industria del cine.

La historia del macartismo en la posguerra norteamericana es de sobra conocida, no requiere dosis añadidas de dramatización para funcionar, y la actuación de Bryan Cranston en el papel protagonista le confiere matices, alivios humorísticos y contradicciones personales que la alejan felizmente de cualquier atisbo de heroísmo simplista al que podría haberse prestado un relato como este; al fin y al cabo esta caza de brujas terminó saldándose con una postrera victoria política que dejó todo aquello en el rincón vergonzante de la Historia que merece ocupar.

Ni el guión ni el montaje de esta cinta pasarán a la historia, y es posible que Trumbo mereciese un biopic algo más talentoso, pero nunca está de más que se recuperen estas historias compaginando efectismo y algo de pedagogía ahora que todo tipo de populismos vuelven a intentar establecer estereotipos basados en el miedo y la amenaza respecto del que es o piensa diferente. Personalmente también me ha resultado gratificante recordar que también hubieron insignes cineastas como Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Gregory Peck, Katharine Hepburn, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Gene Kelly, John Huston, Orson Welles, Thomas Mann, Frank Sinatra, John Ford o Charles Chaplin, que mantuvieron una posición coherente y valiente frente a aquellos atropellos, y que supieron sobreponerse a las presiones de las que fueron objeto dejando claro que no compartían ese modo de repartir carnets de autenticidad democrática.

Denis Itxaso