twiiter facebook linkedin youtube instagram spotify

Brexit, una Europa sin guión

Que tomen nota todos aquellos que ofrecen referendums como solución milagrosa a los problemas.

Quizás porque los últimos sondeos apuntaban a una remontada final de los partidarios de la Unión Europea, la noticia del triunfo final del Brexit en el Reino Unido nos ha dejado helados a primera hora de la mañana. Una ducha fría para ordenar las ideas basta para darse cuenta que, en el fondo, no debería sorprendernos.

John Carlin hablaba esta mañana en la SER de la ignorancia que ha anidado en diferentes generaciones de británicos, ciudadanos a los que se les ha educado en la natural superioridad de su país y en la desconfianza hacia los extranjeros. Es posible que haya razones específicas que atañen a la sociedad inglesa, pero lo cierto es que el proyecto europeo lleva tiempo sin guión propio, y tanto los populismos como los nacionalismos y la xenofobia de extrema derecha han encontrado en la Unión Europea el puch in ball propicio al que culpar de todos los males de nuestros días.

Europa, para las gentes progresistas es un proyecto meramente económico sin alma social ni pegamento político. Un proyecto económico torpe que a la primera de cambio, cuando las cosas se han puesto feas y la crisis ha impactado en las economías comunitarias, sólo ha sabido imponer recetas de austeridad erráticas que se han saldado con más exclusión y pérdida de derechos sociales.

Pero en Europa los nacionalismos también viven un nuevo auge. Los nacionalismos estatales y regionales vuelven a tensar la cuerda y retoman mensajes políticos egoístas que tratan de seducir al público invitándole a que defienda ‘lo suyo’ y situando la prioridad en los intereses de sus respectivas comunidades nacionales.

Si todo eso fuera poco, el deterioro del proyecto europeo que se alumbró tras la II Guerra Mundial abona el campo de los populismos, envalentona a todos aquellos que simplifican las respuestas hasta el ridículo, que se dedican a regalar los oídos de las capas sociales más afectadas por esta gran recesión. Nigel Farage, líder del eurófobo partido UKIP decía esta mañana que la victoria del Brexit es un triunfo para la gente corriente contra los grandes bancos, las grandes empresas y los políticos. Su deliberada simpleza -que recuerda enormemente al candidato republicano norteamericano Donald Trump- le impide reconocer que la proclamada independencia no incluye la dependencia de China, del petróleo, del cambio climático, los movimientos migratorios a gran escala, de las pandemias o de la amenaza nuclear. A Europa le cuesta ser relevante en el concierto internacional, pero su disgregación amenaza con condenarla a la irrelevancia económica y la debilidad política extrema de los estados miembros.

En medio de este panorama, la socialdemocracia, como corriente ideológica que quiere enarbolar la moderación y la solidaridad del proyecto europeo, necesita rearmarse como única alternativa que puede volver a vertebrar cambios y avances imprescindibles y urgentes. De otro modo nos pasará como a los dinosaurios, que se extinguieron pero nadie sabe cómo sucedió.

Que tomen nota todos aquellos que ofrecen referendums como solución milagrosa a los problemas.

Denis Itxaso