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Alberto Rodríguez presentó el sábado a concurso en la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastián “El hombre de las mil caras”, un thriller basado en la historia de Francisco Paesa, espía español que protagonizó con sus rocambolescas tretas buena parte de las páginas que provocaron el deterioro político del tardofelipismo.

La cinta cuenta el plan trazado por Paesa -Eduard Fernández- para ayudar al ex-director general de la Guardia Civil Luis Roldán -Carlos Santos-, a huir de España con una gran suma de dinero sustraído de comisiones ilícitas y de los fondos reservados del Ministerio del Interior. La historia de esta operación en la que se vieron envueltos dos ministros ha presentado siempre serias lagunas y cierta ambigüedad, y dio lugar a una enorme polémica política y mediática durante los primeros años 90. Con todo, la recreación cinematográfica que propone Alberto Rodríguez resulta no sólo verosímil sino sobre todo muy ilustrativa de una época que para muchos forma parte de la prehistoria, pero que a la vez bien podría aplicarse a cualquiera de las muchas tramas de corrupción política que un día si y otro también vamos conociendo por los medios. Y es que “El hombre de las mil caras” reproduce por encima de todo y con acierto plástico la atmósfera decadente de impunidad que da lugar a estos desfalcos, que casi siempre esconden -triste consuelo- hilarantes dosis de cutrerío y zafiedad.

En mi opinión el guión logra mantener la tensión durante toda la película y el interés apenas decae a lo largo de la cinta. Si bien en ocasiones no resulta fácil seguir el hilo de la compleja maraña de maniobras y traiciones de los personajes, el relato, contado en primera persona por el lugarteniente de Paesa Jesús Camoes -José Coronado- tiene ritmo, y adquiere tintes de cine negro europeo por la combinación de escenarios y la acertada recreación de los 80 y 90. A mi juicio Eduard Fernández hace un trabajo soberbio que destaca notablemente sobre el resto de intérpretes, que en cualquier caso están muy bien caracterizados (Especialmente los personajes de Belloch y Roldán).

En suma, la peli tiene interés tanto desde el punto de vista puramente cinematográfico como desde el de la reciente historia política española, en la medida que permite tomar conciencia de la dimensión de semejante estafa a gran escala, en la perspectiva del cuarto de siglo transcurrido.

 

 

 

Denis Itxaso