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Donald Trump: jugar con fuego

Desconozco lo que ocurrirá este martes electoral en los Estados Unidos. Pero he querido ponerme en mi propia piel si cuando despertamos conociendo el resultado, los cuerpos quedan hundidos en la cama al escuchar que alguien como Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales.

Donald Trump Denis Itxaso fuego

7 de la mañana. El despertador enciende la radio. “Donald Trump ha ganado las elecciones en Estados Unidos”. Los músculos se entumecen. Un sudor frío recorre todo el cuerpo. El mundo se ha vuelto definitivamente loco. Me acuerdo de John Carlin (El año que vivimos estúpidamente), y  pienso en las consecuencias de esta victoria del populismo en la madre de todas las batallas. Pienso en cómo hemos podido llegar hasta aquí y me vienen a la memoria algunos precursores como Nigel Farage, Marine Le Pen, Hugo Chávez, Cristina Fernández de Kirchner, Silvio Berlusconi, Jesús Gil o Ruiz Mateos. Llevamos tiempo jugando con fuego -pienso-, postrando la política al servicio de los mercados, asumiendo con resignación que la política ya no juega ese papel transformador que la democracia genuina le otorgaba.

Los ciudadanos que opinan que la “clase política” (odio esa terminología) pertenece a una élite alejada de los problemas de la ciudadanía, representan ya una legión. La idea de que la política democrática no resuelve problemas y se enreda en mezquinos juegos de poder se ha propagado peligrosamente. Los hiperliderazgos bizarros de candidatos “sin pelos en la lengua”, que denuncian la corrupción del sistema y prometen enfrentarse a la burocracia paralizante, recorren los continentes ganando adeptos en todas las capas y edades de la sociedad. La fórmula es evidente: simplificar los problemas para darles respuestas igualmente simples.

Mientras, los partidos clásicos y los políticos convencionales hablamos lenguajes barrocos, complejos, y aplazamos de forma indefinida la adopción de decisiones que afronten desafíos sociales, económicos y ambientales de dimensiones formidables. Es el fin de la política y la victoria del populismo que desprecia la democracia representativa y enarbola el mandato directo, que apela a las emociones y a las bajas pasiones, que construye marcos ideológicos desprovistos de los valores que han servido de pilar para la construcción de las sociedades modernas.

En su discurso posterior a darse a conocer los resultados, Donald Trump agradece a los norteamericanos el depósito de confianza recibido y adelanta que emprenderá una política económica proteccionista y adoptará medidas inmediatas para impedir la inmigración de latinos y musulmanes; medidas que son aplaudidas tanto por partidos de izquierda radical como por  movimientos nacionalistas a lo largo y ancho del planeta. Unos y otros coinciden en la necesidad de poner coto a las fatales consecuencias de una globalización que resta soberanía a los pueblos y disuelve las identidades nacionales. El Mundo se vuelve inhóspito para los idealistas del internacionalismo y de la alianza de civilizaciones y para los posibilitas que defendemos un mercado libre pero regulado y al servicio de la redistribución social de la riqueza y del Estado del bienestar.

Desconozco lo que ocurrirá este martes electoral en los Estados Unidos. Pero he querido ponerme en mi propia piel si este miércoles cuando despertemos, los cuerpos quedan hundidos en la cama al escuchar que alguien como Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales. Puede que no suceda, pero hay algo cierto en toda esta -ojalá- ucronía: estamos jugando con fuego. Un fuego abrasador.

Escrito por Denis Itxaso el 07 de Noviembre de 2016 · Archivado en: Cómo está el patio...
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  1. Alberto dice:

    No crees que tu partido, con ese movimiento para sacar a Pedro Sánchez y facilitar el gobierno de Rajoy,contribuye a cimentar y evidenciar que la política no se hace pensando en el pueblo? Que la gentr se echa en brazos populistas por culpa de lo que hacen partidos como el tuyo?

Denis Itxaso