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Cataluña no es hoy el mejor espejo donde mirarse

Los guiños al independentismo catalán esconden una disputa de orden interno entre abertzales, lo que se traduce en una carrera por contraprogramar todo lo que suene a acuerdo, a integración y a transversalidad. Pero si alguien quiere emplear la Diputación de Gipuzkoa para representar esa contradictoria disputa deberá explicar bien sus razones, porque la ciudadanía ha demostrado más de una vez tener instinto e inteligencia para alejarse de posiciones extremistas.

Cataluña

La apuesta independentista que libran hoy los partidos que gobiernan Cataluña suscita auténtica fascinación en determinados sectores del nacionalismo vasco. Obviamente en EHBildu, que observa en esa deriva la estrategia de acumulación de fuerzas nacionalistas que promovieron años atrás también en Euskadi y un modo de avanzar por la vía del desborde del actual marco jurídico; pero quizás sorprenda más el magnetismo que genera en el PNV guipuzcoano. Como ya dijimos con ocasión del caluroso recibimiento que dispensaron los de Egibar a Artur Mas cuando visitó el Kursaal donostiarra, ese anhelo indisimulado no deja de ser cuando menos incongruente con la praxis del día a día del programa de coalición PNV-PSE que rige la Diputación Foral de Gipuzkoa y la mayor parte de los ayuntamientos del Territorio.

Cierto es que los acuerdos de coalición no impiden que cada cual ponga los acentos políticos donde estime oportuno e incluso mantenga legítimas aspiraciones sobre el encaje de Euskadi en España.  Pero no lo es menos que estas coaliciones representan una vía precisamente opuesta a la que practica Puigdemont en Cataluña. Aquí practicamos gobiernos transversales entre nacionalistas y socialistas, de amplia mayoría y respaldo social, basados en programas centrados en el bienestar de las personas, en la generación de empleo y la protección social y, lo que es más importante, optamos por la vía que siempre nos funcionó para llevar a cabo ese programa: la del acuerdo y el pacto, frente a estrategias unilaterales de huída hacia adelante que nos consumen energías y nos condenan a la división. La ciudadanía sabe bien cual es la receta que funciona en Euskadi. Es la receta del respeto, la del gobierno entre diferentes, la de no poner en riesgo el bienestar, la creación de riqueza y el futuro de todos, la de no construir proyectos políticos en los que una mitad de la sociedad se impone a la otra mitad, la de aspirar a un país en la que todos podamos convivir y progresar.

Con la misma libertad que emplean nuestros socios de gobierno del PNV guipuzcoano de aplaudir la vía catalana, expresamos nosotros nuestro convencimiento de que, visto lo visto, no hay nada en este momento que nos haga envidiar la situación por la que atraviesa Cataluña en todos los órdenes. Nuestros acuerdos de coalición ni son un mal menor ni los hemos suscrito porque no quedase otro remedio: representan la mejor receta de gobierno que nos podemos permitir, y al menos los socialistas no necesitamos ningún desahogo por ello.

Todos recordamos tiempos no tan lejanos en los que el nacionalismo ensayó la acumulación de fuerzas en Euskadi y cuál fue el resultado: división social, enfrentamiento y gobiernos debilitados. Sucedió con el gobierno de Ibarretxe y, salvando las distancias, volvió a pasar con el de EH-Bildu en Gipuzkoa. En ambos casos la respuesta de la sociedad, incluidos muchos nacionalistas, fue la misma: expulsar del poder a quienes trataban de basar sus propuestas en enfrentamiento  y la imposición. Es verdad que el sentimiento nacionalista está extendido, especialmente en Gipuzkoa, pero nadie apuesta por opciones que perjudiquen su futuro por muy simpáticos y cercanos que resulten sus promotores. La ciudadanía ha demostrado en más de una ocasión tener instinto e inteligencia para alejarse de posiciones extremistas.

Pero da toda la sensación de que tanto las últimas declaraciones públicas de Joseba Egibar como la visita del Diputado General y el Diputado de Gobernanza al President Puigdemont en Barcelona no son sino gestos que forman parte de la batalla de símbolos que libra el mundo nacionalista por ver quién es más independentista. Desde luego, ni Markel Olano ni su Portavoz representan en este discurso al conjunto del Gobierno de la Diputación y mucho menos al conjunto de Gipuzkos, sino en todo caso a los diputados forales del PNV, porque los diputados forales socialistas no creemos que en estos momentos Cataluña sea un espejo interesante en el que mirarse para los vascos, tampoco desde la perspectiva del buen gobierno. Por eso pensamos que se trata más de una disputa de orden interno entre abertzales, y que esto se traduce en la práctica en una carrera por contraprogramar todo lo que suene a acuerdo, a integración y a transversalidad. Y si alguien quiere emplear la Diputación de Gipuzkoa para representar esa contradictoria disputa, debe saberse que los socialistas no sólo no participaremos en ello sino que defenderemos el espíritu de los acuerdos y de la profundización de nuestro autogobierno.

Honestamente creemos que se equivoca quien piense que los grandes retos de la sociedad vasca o de la sociedad guipuzcoana pasan por la creación de un nuevo Estado.  Tenemos muchos retos que afrontar, debemos seguir progresando en el empleo, ofrecer a los jóvenes la oportunidad de construir un proyecto de vida, garantizar el bienestar de nuestras personas mayores y proporcionar los servicios que garantizan una vida digna también para los más desprotegidos. Son las esperanzas de nuestra ciudadanía, son las apuestas que merecen la pena y quienes pretendan ponerlas en riesgo tendrán que explicar muy bien cuáles son sus razones.

Escrito por Denis Itxaso el 15 de Marzo de 2017 · Archivado en: Alcalde de Gipuzkoa
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Denis Itxaso