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Hasta nunca, ETA

Hubo un tiempo en que muchos ciudadanos anhelábamos el fin de ETA con toda nuestra alma e incluso la llegamos a imaginar como un estallido de júbilo. Hoy vemos el final de esta macabra historia con una mezcla de cansancio y tristeza.

Hoy sábado, 8 de abril de 2017, ETA echa la persiana a su particular ferretería. Una ferretería cruel y fanática que causó estragos sobre todo en nuestras vidas, pero también en el sistema democrático y en nuestra economía. Las armas cuyo paradero hoy se da a conocer, y muchas otras que antes fueron utilizadas e incautadas, han sido empleadas para causar dolor, para defender proyectos totalitarios –si no piensas como yo, te espero en el portal-, y para aislarnos del Mundo. Por eso, porque no queremos que nadie nos falsee la historia y por respeto a todas esas personas que fueron ajusticiadas selectivamente, hoy no hay nada que celebrar.

El tiempo y la distancia siempre ofrecen la perspectiva necesaria para poner las cosas en su sitio. Ahora que el fanatismo no atemoriza a los disidentes, podemos ver las cosas con mayor claridad. ETA atentó contra el progreso, contra la libertad de prensa y expresión, contra la pluralidad política, contra la Justicia, contra los agentes de la seguridad pública… ETA nos robó 40 años. Y por eso es importante que seamos capaces de hablar de ello con claridad. Yo me conformaría si empleásemos al hablar de ETA la misma contundencia terminológica que empleamos al hablar del Franquismo y la Guerra Civil. Porque esta historia, como aquella, tienen responsables bien identificables y culpas que no se pueden ni se deben transferir. Porque los fascismos del Siglo XX, y el de ETA apenas se diferencia en nada del resto, ven la violencia política, la guerra y el imperialismo como medios que pueden lograr el rejuvenecimiento nacional.

¿Quiere decir todo esto que no deseábamos que esta pesadilla terminara? En absoluto. Que ETA entregue las armas siempre será una buena noticia, se mire por donde se mire. Este mundo sin las armas de ETA es sin lugar a dudas un mundo mejor y todos los esfuerzos sinceros realizados para terminar con el terrorismo durante décadas han merecido la pena. Por eso tampoco comprendo que precisamente ahora se trate de pasar la prueba del algodón a quienes hemos dado lo mejor de nosotros para acabar con esta lacra. Quede claro que si los socialistas tomamos parte activa en esta certificación, es por altura de miras, firmeza contra el terrorismo, compromiso con este país y trabajo por la convivencia. En definitiva, nuestra razón de existir durante todo este tiempo.

Termino con una confesión. Resulta bastante desasosegante esta sensación de ‘aguafiestas’ que tiene uno cuando ve a su alrededor tantas ganas de celebrar este final. Pareciera que, por si no hubiésemos sufrido suficiente estigma, quienes hemos padecido en primera persona este calvario terminamos siendo unos cenizos que no queremos mirar con optimismo al futuro. Y no es así. Lo cierto es que hubo un tiempo en que muchos ciudadanos anhelábamos el fin de ETA con toda nuestra alma e incluso la llegamos a imaginar como un estallido de júbilo. Pero hoy vemos el final de esta macabra historia con una mezcla de cansancio y tristeza. Cansancio porque esta locura se ha hecho muy larga y durante años se produjo un apoyo explícito a ese mundo que impidió su derrota moral a tiempo. Y tristeza por el daño inútil e irreparable de tantas familias rotas, esos verdaderos artesanos de la paz para quienes esto llega tarde. Demasiado tarde.

Escrito por Denis Itxaso el 07 de Abril de 2017 · Archivado en: Cómo está el patio...
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  1. Sandra Soto dice:

    Gracias por expresar lo que sentimos muchos españoles y a los que en el día de hoy por sentir lo que usted ha expresado nos llaman fascistas o franquistas o peperos de una manera muy despectivamente.

Denis Itxaso