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Cataluña, ceguera e inacción

Los monólogos de Rajoy y Puigdemont ya han quedado amortizados, y se impone abordar esta cuestión sin tabúes ni prejuicios. Resultaría de gran valor que la sociedad española evitase caer en la tentación de envolverse en la bandera nacional de la unidad constitucional y lanzase una demanda nítida de diálogo y negociación. Necesitamos urgentemente acuerdos que la ciudadanía pueda votar mediante referéndum legal, pactado, garantista y vinculante.

Cataluña

A estas alturas, y tras las horribles imágenes que hemos visto durante el día de hoy, hay pocas cosas que no se hayan dicho ya. Y sin embargo, me resulta difícil sustraerme a las catastróficas consecuencias que todo esto va a tener para Cataluña. Estas son mis impresiones:

  1. En Cataluña se refuerza el independentismo y sobre todo gana peso la demanda de un referéndum legal de independencia. También se refuerza Rajoy en España y se inflama peligrosamente el nacionalismo español. Pero el partido se juega en Cataluña. El estado de efervescencia que vive la sociedad catalana y la determinación mostrada por la gente demuestran que la quiebra ya no tiene solución con la mera aplicación de la legalidad vigente. Hay una buena parte de los y las catalanas que ya se han ido.
  2. Los gobiernos español y catalán son responsables de haber conducido la situación hasta llegar a las escenas dantescas que hemos vivido esta mañana, con cargas policiales en los colegios electorales. Ambos han renunciado de antemano a hablar, a negociar y a tratar esta cuestión con la serenidad y lealtad que requiere la gestión de la política democrática. Pero el Gobierno Rajoy ha perdido definitivamente la batalla de la opinión pública en Cataluña y, a falta de conocer la mirada de los medios de comunicación internacionales, no es difícil pronosticar que la imagen de España en el exterior va a quedar deteriorada. Una vez más, una imagen vale más que mil palabras.
  3. No es fácil saber cómo va a gestionar el Govern de la Generalitat los resultados de esta jornada convulsa. Más allá de las dudosas garantías y de la precariedad legal con la que se ha organizado la votación, hoy el principal logro del independentismo no ha sido tanto sumar voluntades por la secesión si no seducir a mas gente en favor del derecho de autodeterminación. Por eso, si el Govern procede a declarar unilateralmente la independencia de Cataluña se arriesga a lapidar los logros simbólicos alcanzados hoy, porque previsiblemente el concierto internacional no reconocerá la proclamación de la nueva República Catalana. En todo caso, cualquier cambio de planes -las leyes ilegítimas de desconexión aprobados por el parlamento catalán hace tres semanas mandata al Presidente a declarar unilateralmente la independencia tras el triunfo del si en el referéndum- puede introducir contradicciones en el seno del independentismo catalán y entre radicales y posibilistas.
  4. La cuestión ya no va sólo de respeto a la legalidad. Se ha hecho patente que la legalidad actual no es capaz de encauzar las aspiraciones de buena parte de la sociedad catalana. Por tanto, quien quiera hacer de la política un instrumento útil para garantizar la convivencia y resolver los problemas de la ciudadanía, tendrá que ofrecer alternativas democráticas. El Partido Socialista, cuya razón de ser jamás ha sido la defensa de ninguna patria -“la tierra será el paraíso, patria de la humanidad”, reza la Internacional Socialista-, va a necesitar dar contenido a la propuesta de revisión del modelo territorial, y a la reforma federal que propugnamos. Por responsabilidad con la viabilidad del Estado, y porque estamos una vez más convocados a jugar un papel útil y terapéutico; basta de ceguera y de inacción. España no es el PP, hay otras formas de comprenderla.
  5. Efectivamente esto no acaba aquí. Ya sabíamos que tras el 1 de octubre vendría el 2. Pero los acontecimientos de hoy representan un antes y un después. Los monólogos de Rajoy y Puigdemont ya han quedado amortizados, y se impone abordar esta cuestión sin tabúes ni prejuicios. Resultaría de gran valor que la sociedad española evitase caer en la tentación de envolverse en la bandera nacional de la unidad constitucional y lanzase una demanda nítida de diálogo y negociación. Necesitamos urgentemente acuerdos que la ciudadanía pueda votar mediante referéndum legal, pactado, garantista y vinculante.

Escrito por Denis Itxaso el 01 de octubre de 2017 · Archivado en: Cómo está el patio...
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Denis Itxaso