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Celebrar el futuro, aprender del pasado

Erri de Luca, en su novela El crimen del soldado, nos recuerda: “No es sobre los héroes, si no sobre los testigos, donde se funda el honor de un pueblo”. Pues bien, hemos sido testigos de los sucedido. Nos corresponde contarlo y no ocultarlo, nos corresponde hacer pedagogía democrática deslegitimando allí donde sea necesario el empleo de la violencia. Han aparecido pintadas agradeciendo a ETA su trayectoria. Son una minoría, lo sé. Una minoría marginal cargada de odio. Pero no los perdamos de vista, no podemos permitirnos que vuelva a prender esa semilla.

Pasaia San Juan pintura a favor de ETA, pintura fresca.

La celebración querida y deseada por todos los que hoy estamos aquí y por la inmensa mayoría de la sociedad vasca no es posible. Muchos de aquellos que merecen ser celebrados por su coraje, por su valentía, por ser ciudadanos cívicos y decentes, por haber sostenido la democracia y los valores de libertad y convivencia en los que creemos, ya no pueden celebrar nada. ETA decidió arrebatarles, en unos casos, la vida entera y, en otros, años de esa vida que no podrán recuperar y que vivieron entre angustias y temores profundamente injustos.

No había motivo dirán algunos y no es cierto. Vaya que sí lo había, aunque hoy resulte vergonzante y vergonzoso recordarlo. La imposición era el motivo. Imponer un proyecto totalitario, pasando por encima de todo, de las personas, de su vida y de sus derechos más elementales. Eliminar o acallar a todos los que pensaran de forma distinta. Primero, a miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, como el propio Pardines; después a otros ciudadanos vascos; más tarde, también a vascos nacionalistas, con los que decían compartir proyecto. Todos fuimos o hubiéramos sido sus objetivos, todos menos ellos.

Tenían motivos pero no tuvieron razones y su proyecto ha acabado en la papelera de la historia, condenado a la indiferencia, el desprecio y el olvido de la sociedad vasca. Esta semana han anunciado su disolución, pero la historia y la sociedad les disolvieron antes, cuando constataron que su proyecto no tenía salida, que no había servido para nada, que a base de socializar el sufrimiento cada vez eran más los ciudadanos que huían de sus planteamientos y rechazaban sus imposiciones, que sus propios compañeros de viaje les decían que ya no aportaban a la causa y que era necesaria una nueva estrategia, como si matar a las personas pudiera considerarse una estrategia. Cuanto sinsentido, cuanta locura y cuanto sufrimiento, y todo para nada. Euskadi se ha desangrado en esta batalla absurda, tan incompatible con una sociedad europea, civilizada, moderna, mestiza, en la que los conflictos y las discrepancias se deben encauzar a través de mecanismos democráticos.

Estamos dispuestos a mirar al futuro; estamos dispuestos a que, cumplidas las responsabilidades que marca la Ley, los que cometieron hechos terribles puedan reintegrarse a la sociedad, a una sociedad en la que podrán convivir en paz y respetando la libertad de sus ciudadanos. Pero a lo que no estamos dispuestos es a que traten de reescribir las historia, condicionar nuestro futuro político y el deber ser de nuestro País, y que para ello intenten hacer valer su renuncia a las atrocidades cometidas y traten de convencerse y convencernos de que el asesinato fue necesario  para sentar las bases del futuro hacia el que debemos avanzar. Una vez más el resabio y la tendencia hacia la barbarie, que les inhabilita para participar del futuro de Euskadi mientras no sean capaces de hacer un ejercicio sencillo pero verdadero; admitiendo que se equivocaron, que no había ninguna razón para hacer lo que hicieron, que causaron sufrimiento injusto y que, por todo ello, deben pedir perdón a la sociedad vasca y, en especial, a las víctimas, a todas las víctimas (quiénes son ellos para clasificarlas).

En estas últimas horas, han aparecido pintadas agradeciendo a ETA su trayectoria. Son una minoría, lo sabemos. Una minoría marginal cargada aún de demasiado odio. Pero no los perdamos de vista porque no podemos permitirnos que vuelva a prender esa semilla. También resultan especialmente hirientes ara las víctimas determinadas escenificaciones como la de ayer en Cambo, por insensibles, y despojados de la menor autocrítica.

Erri de Luca, en su novela El crimen del soldado, nos recuerda: “No es sobre los héroes, si no sobre los testigos, donde se funda el honor de un pueblo”. Pues bien, hemos sido testigos de los sucedido. Nos corresponde contarlo y no ocultarlo, nos corresponde hacer pedagogía democrática deslegitimando allí donde sea necesario el empleo de la violencia. El futuro de la sociedad vasca debe tener muy presente este pasado. Debe ser un futuro que huya de la imposición y en el que valores como el respeto y la libertad, especialmente hacia los que, por cualquier razón, se manifiestan como diferentes, marquen el rumbo. Valores que son el mejor antídoto para que, una historia que nunca debió comenzar, vuelva a repetirse. En ese futuro, contar con las víctimas es esencial. De todas ellas sin excepción, ya sean de ETA del GAL o de cualquier otra facción violenta. Por eso es importante dejar claro en el día de hoy, que todas y todos erais y sois de los nuestros. Siempre lo fuisteis, y os queremos y os damos todo nuestro cariño porque sabemos que no siempre lo tuvisteis.

Frente a los tiranos, y ahora que termina esta negra página de nuestra historia, recuerdo aquellos versos de Pablo Milanés tras el golpe militar en Chile:

Yo pisaré las calles nuevamente
De lo que fue Santiago ensangrentada
Y en una hermosa plaza liberada
Me detendré a llorar por los ausentes

Yo vendré del desierto calcinante
Y saldré de los bosques y los lagos

Y evocaré en un cerro de Santiago
A mis hermanos que murieron antes

Yo unido al que hizo mucho y poco
Al que quiere la patria liberada
Dispararé las primeras balas
Más temprano que tarde, sin reposo

Retornarán los libros, las canciones
Que quemaron las manos asesinas
Renacerá mi pueblo de su ruina
Y pagarán su culpa los traidores

Un niño jugará en una alameda
Y cantará con sus amigos nuevos
Y ese canto será el canto del suelo
A una vida segada en la moneda

Yo pisaré las calles nuevamente
De lo que fue Santiago ensangrentada
Y en una hermosa plaza liberada
Me detendré a llorar por los ausentes

Escrito por Denis Itxaso el 04 de mayo de 2018 · Archivado en: Cómo está el patio..., gipuzkoa
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Denis Itxaso