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Copenhague, la Escandinavia latina

Los daneses conocen bien sus puntos fuertes y les rinden culto como corresponde. Diseño, arquitectura, ambientes confortables...Copenhague ofrece en verano, entre nube y nube, un surtido abanico de planes y envuelve al visitante en una atmósfera despreocupada y relajada que no oculta su gusto por la sofisticación.

Tenía a la danesa por una sociedad no del todo consciente de su éxito social, pero si que lo son. Sin llegar a la jactancia, ni mucho menos, pero los daneses guardan culto a algunos de sus atributos más merecidos. El diseño y la arquitectura forman parte indisociable de su cultura y el estado de bienestar y la apuesta por la igualdad -en todas sus acepciones- forman parte del código genético de la ciudadanía danesa. Los estudios y estadísticas dicen que Copenhague es una de las capitales más equitativas e igualitarias del mundo, donde las diferencias entre rentas mayores y menores son reducidas y eso puede incluso observarse en la atmósfera de los barrios. Es una ciudad segura y cómoda, la más meridional de las capitales escandinavas y considerada entre los nórdicos como su capital “latina”.

Obviamente a ojos de los sureuropeos, esta es una visión un tanto sui generis de Copenhague, que efectivamente esconde tras su inhóspita meteorología (el verano hay que pelearlo nube e nube, los aguaceros son frecuentes y las temperaturas rara vez superan los 21-22 Cº) un alma culta, cálida y acogedora. Como es habitual en el norte de Europa, la bicicleta manda y es la mejor aliada para conocer la ciudad y moverse entre los barrios. Hay transporte público -rápido y cómodo, aunque caro- pero la ciudad visitable es relativamente compacta y no merece la pena salvo para trasladarse al aeropuerto. El Mar Báltico se filtra en la ciudad a través de algunos canales que dotan de identidad marítima a barrios como Chrstianhavn, y la convierten en una ciudad perfecta para ser disfrutada tanto en motora como en kayak. Nosotros nos atrevimos con ambos planes, y la verdad es que resultaron fabulosos. Hay dos compañías que alquilan pequeñas lanchas con capacidad hasta 8 personas, friendships y goboat, ambas con precios similares. Respecto de las canoas, kayakrepublic ofrece embarcaciones para una o dos personas y una vez terminada la aventura -nosotros nos decidimos a alquilarla por 3 horas, pero con 2 es más que suficiente- te permite recuperar fuerzas en un chiringuito de aire alternativo con hamacas, buena música y platos de comida aptos para vikingos.

La escena cultural incluye una buena colección de museos y centros de arte contemporáneo, así como una amplia lista de locales con música en vivo, en especial clubes de jazz. Algo que nos ha sorprendido es comprobar que hay muchos locales en los que está permitido fumar y aunque, como en el caso de Cafe Intime (un antro que pareciera sacado de la película Cabaret) eso les confiere un carácter más genuino, para alguien acostumbrado a ambientes libres de tabaco, el aire resulta demasiado cargado. Interesantes también La Fontaine y The Standard, este último enclavado en un edificio racionalista a orillas del gran canal que recuerda al Náutico donostiarra.

 

Como decía al inicio, los daneses conocen bien sus puntos fuertes y les rinden culto como corresponde. El Museo Danés de Arte y Diseño y el Centro Danés de Arquitectura son dos buenos ejemplos del modo en que este país cultiva y difunde unos cánones estéticos que lo hace identificable y admirado en todo el mundo. Exposiciones permanentes y temporales dan cuenta de las culturas y corrientes que han influido en su gusto por lo minimalista, lo cálido y lo funcional. Nos gustó mucho la exhibición que tiene lugar durante este verano en el Museo Danés de Arte y Diseño sobre el ascendiente nipón en el diseño danés: menaje del hogar, mobiliario, arquitectura, moda… los paralelismos son evidentes en múltiples campos del diseño y la decoración, y la muestra permite indagar en las razones y el alcance de esta influencia. Ya fuera de la ciudad, merece la pena alquilar un coche por un día para viajar a Arken primero y a Louisiana después, dos centros de arte contemporáneo al sur y al norte de la ciudad respectivamente, que tienen en común el atractivo y singular enclave en el que se encuentran ubicados. El primero de ellos, centra su colección en las propuestas artísticas más críticas y provocadoras desde la década de los 90 hasta nuestros días. El segundo es uno de los centros más visitados del planeta tanto por su poderosa colección (Calder, Miró, Moore, Giacometti…) como por la disposición de las obras, en un elegante jardín que inevitablemente nos recuerda a Chillida Leku.

De vuelta a Copenhague, el centro de arte Copenhagen Contemporary ofrece interesantes exposiciones temporales de gran formato en espaciosas naves portuarias. Se trata de una zona muy concurrida por estar a medio camino entre Christiania (la comuna hippie de la que luego hablaré) y Nyhavn, el canal más pintoresco y concurrido que sirve de postal oficial de la ciudad. Pero sin duda lo que hace de esta zona un lugar tan animado es Papirøem, un mercado de street food que reúne una colosal oferta gastronómica a premios módicos. Sesiones de Dj, embarcaciones con fiestas privadas, preciosas vistas del centro de la ciudad al otro lado del canal, coctelería variada y mesas corridas repletas de cerveza hacen de Papirøem una visita recurrente y divertida. Cerca de allí, en el mismo barrio de Christianhvn, resulta obligado subir a lo alto de la Vor Frelsers Kirke (Iglesia de San Salvador), precioso exponente del barroco holandés que llama la atención por su torre en forma de espiral desde cuyo alto puedes disfrutar de las mejores vistas panorámicas de Copenhague.

El barrio hippie Christiania me generó un cierto desasosiego. Se trata de una comunidad que permanece fiel desde los años 60 a una filosofía de vida libertaria a contracorriente de la cultura capitalista y de consumo. El problema en mi opinión, es que con los años, y a pesar de interesantes talleres de artesanía y algún garito de comida vegana, la idea ha quedado eclipsada por un duro paisaje humano, compuesto de personas con las que la vida parece haberse portado mal y de otras que se han portado mal con su vida. El tránsito turístico en este asentamiento lo ha convertido en una especie de lacónico parque temático de consumo y venta de marihuana y hachís a cuyos habitantes, incluidos algunos ancianos bucaneros, parece habérseles parado el reloj vital hace un buen rato.

En el lado opuesto, Copenhague ofrece los Jardines de Tivoli, uno de los parques de atracciones históricos de mayor tradición en Europa. Data de mediados del siglo XIX y, aunque obviamente ha evolucionado y ofrece atracciones no aptas para cardiacos, conserva el diseño de jardines, pérgolas y cafés que le confieren ese aire romántico característico. Los viernes del verano da cabida a una interesante agenda de conciertos que congregan a miles de jóvenes, y, aunque la entrada no es precisamente barata, si aún te queda algo de espíritu infantil, merece la pena guardar un día para soltar adrenalina y encontrarse con la magia, los relatos y personajes de Hans Christian Andersen.

Voy terminando con un pequeño repaso a los restaurantes, cafés y bares que más nos han gustado. Maddklubben es un restaurante en Vesterbro, barrio cool de Copenhague, que destaca por la originalidad de su carta y la disposición de su cocina en medio del gran comedor, y te permite montar un menú a tu gusto en un ambiente cálido sin necesidad de dejarte un pastón. En el mismo barrio, la calle Værnedamsvej reúne media docena de locales interesantes y animados, y no lejos de allí está Lelé, restaurante vietnamita que tiene una versión elegante (y cara) y otra de street food a módicos precios. En el barrio de Nørebro, destaca Café Auto, un local de aire nórdico donde tomarse una cerveza a última hora de la tarde. Justo enfrente encontrarás Fætter Fætter, igualmente animado y que los sábados por la tarde organiza una divertida barbacoa con aire de fiesta. En el barrio de Christianhvn merece la pena tomarse un café o una cerveza en Bådudlejning, una plataforma sobre el pintoresco canal, y distraerse un rato viendo las embarcaciones pasar. También recomiendo un garbeo por el moderno y sofisticado mercado de Torvehallerne te permite tener una idea de conjunto de los hábitos gastronómicos daneses y de los productos locales. Una delicia.

En suma, Copenhague es una ciudad relajada que en verano ofrece una buena colección de planes para todos los públicos, también el infantil. Al otro lado del puente Øresund se encuentra la ciudad sueca de Malmö, pero el peaje por cruzar a la otra orilla sale por un ojo de la cara, y tengo dudas de que merezca la pena. Aburrirse en la capital danesa, echar una siesta en alguno de sus parques o perderse con la bicicleta por cualquiera de sus barrios históricos, es una plácida manera de pasar las vacaciones. Y en caso de nube, los cafés son siempre coquetos espacios donde encontrar refugio y wifi gratuito.

Escrito por Denis Itxaso el 16 de agosto de 2017 · Archivado en: Cartas de navegación
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Denis Itxaso