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Corrupción e impunidad

Pienso que debemos tomar muy en serio este problema de corrupción congénita que aqueja a nuestra sociedad. Que es un tumor que se extiende por todas las arterias de nuestro comportamiento social. Que no puede ser extirpado sino con una pedagogía cotidiana, con una firmeza insobornable de la Justicia, con una autocrítica política, con una ejemplaridad sin tacha, y con una coherencia que empiece por el mayor dirigente y termine en el más llano y humilde de los ciudadanos.

Corrupción e impunidad

Consejeros que compran empresas con dinero público por encima del valor de mercado para quedarse con una buena mordida en la transacción; responsables que acuerdan pagos de comisiones con las empresas con las que contrata la administración, con el doble objetivo de enriquecerse y financiar ilegalmente al partido; presidentas que tienen a todo su gabinete condenado, imputado o bajo sospecha y dicen no saber nada de lo que sucedía a su alrededor ni se preguntan de dónde llegaban todos esos beneficios y ventajas económicas; fiscales que hacen lo indecible por obstaculizar y dilatar investigaciones que afectan al gobierno, o que se reúnen con ministros del interior para recibir instrucciones sobre las personas contra las que hay que actuar aunque sea afinando expedientes; secretarios de estado de seguridad que se reúnen con políticos investigados por corrupción y que al salir del encuentro reconocen extraer conclusiones muy interesantes; presidentes del gobierno que coleguean vía sms con tesoreros imputados por corrupción a los que presta comprensión y desea fuerza; presidentes de banca que daban lecciones de honradez mientras evadían impuestos y disfrutaban de tarjetas opacas con las que saquear sus entidades; ministras cuyos hijos disfrutaban de maravillosos viajes y cumpleaños a cuenta de tramas corruptas con la complicidad de su partido; expresidentes autonómicos que montan su discurso a base de denunciar que el Estado les expolia mientras sus hijos se dedican a saquear las cuentas públicas y llevarse en fardos el dinero a Andorra.

Pienso que debemos tomar muy en serio este problema de corrupción congénita que aqueja a nuestra sociedad. Que es un tumor que se extiende por todas las arterias de nuestro comportamiento social. Que no puede ser extirpado sino con una pedagogía cotidiana, con una firmeza insobornable de la Justicia, con una autocrítica política, con una ejemplaridad sin tacha, y con una coherencia que empiece por el mayor dirigente y termine en el más llano y humilde de los ciudadanos. Porque defraudar a Hacienda, emplear dinero negro, evadir obligaciones, sortear la Ley, merma no sólo la credibilidad de la democracia, sino al erario público desde el que se abonan las pensiones, los servicios públicos, las inversiones, los sueldos de los funcionarios, etc. Y tomar conciencia de todo ello o no hacerlo, es sencilla y llanamente lo que nos sigue diferenciando de las sociedades del norte de Europa, en las que el más mínimo gesto evasivo es visto con enorme desprecio.

Pero con eso y con todo, tiendo a pensar que lamentablemente la corrupción es una enfermedad que anida en ser humano y que no resulta fácil de extirpar. Sin embargo, hay algo que hace aún más daño que la propia corrupción y deberíamos evitar de forma y manera urgente. La sensación de impunidad con la que se han movido alegremente todos estos personajes. Una sensación que les ha hecho pensar que podrían campar a sus anchas, que podían seguir acumulando sin límite, mintiendo, altaneros, soberbios, ¡Ay de quien osase dudar de su honorabilidad!

En mi opinión, el principal problema que tenemos es de impunidad. Y estoy convencido de que reducir esa sensación de impunidad contribuiría a atajar mayor número de casos de corrupción al tiempo que operaría un efecto disuasorio sobre aquellos que pretendan cometer nuevos desfalcos en el futuro

Escrito por Denis Itxaso el 28 de abril de 2017 · Archivado en: Cómo está el patio..., gipuzkoa, Sin categoría
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  1. Mari carmen barcia dice:

    Tienes razón Denis, pero es un tumor con metástasis, y en vez de poner más medios para extirpar los tumores lo que hacen es inhabilitar las máquinas de químio que podrían eliminar y tratar, con buen diagnóstico esos quistes malignos, difícil solución veo yo para el asunto de la corrupcion Un saludo

Denis Itxaso