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El alma del Gobierno Frankenstein

Los desprecios de la derecha a un nuevo gobierno socialista apoyado en una pluralidad de fuerzas de la Cámara, denotan no entender las consecuencias de la fragmentación política.

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A estas alturas ya se han vertido ríos de tinta sobre la moción de censura que ha desalojado a Mariano Rajoy de la Moncloa. Sin embargo, hay una cuestión a la que no se le ha prestado en mi opinión la atención necesaria y que constituye una llamativa paradoja de esta nueva realidad política que vivimos desde hace unos años.

Tanto la derecha política española como los medios de comunicación con mayor solera, vienen acusando a Pedro Sánchez de pretender gobernar bajo una extrema fragilidad y condicionado por lo que vendría a ser una amalgama de apoyos al estilo Frankenstein. Creo que esta visión encierra en el fondo una especie de anhelo del bipartidismo, o al menos no haber entendido que el panorama político está inmerso de lleno en una fragmentación que no parece se haya instalado de forma provisional sino que representa de forma genuina el signo de los tiempos.

Aunque a Ciudadanos le interese invocar permanentemente el bipartidismo y hablar de su estertor para seguir recogiendo votos del antiguo caladero fronterizo que da y quita victorias tanto al PP como al PSOE en las elecciones generales, lo cierto es que el multipartidismo llegó hace ya más de un lustro y para quedarse. Lo realmente sorprendente es que quienes han llegado a complementar el mapa de opciones electorales se muestren tan incapaces de entender que no hay manera de gobernar este país si no es con pactos multilaterales, mucha cintura política, y capacidad de gestionar las contradicciones que todo ello lleva asociado.

Hablar de gobierno Frankenstein encierra un profundo desprecio a esa nueva realidad que obliga a desarrollar nuevas capacidades políticas, arriesgadas y no exentas de peligros, para las que paradójicamente algunos nuevos actores de la política española muestran cierta atrofia muscular. También muestran ignorar el significado último del personaje creado por Mary Shelley en su célebre novela gótica. El ser creado por Victor Frankenstein es, en efecto, el resultado de una suma de retales humanos, pero termina siendo algo más: un ser que cobra alma y desarrolla sentimientos que le confieren identidad. Y por rematar esta analogía, hay ciudadanos como la niña inocente del fotograma, que no ven un despreciable monstruo en absoluto, sino un ser con el que compartir una amable conversación a orillas del lago. Frente al resabio que se ha adueñado de la política, tampoco estáría de más que desarrollásemos alguna dosis de indulgencia y confianza.

El desafío del nuevo gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez es ser el primer ejecutivo que practique esas nuevas habilidades en España, que sea capaz de cuidar las interlocuciones, de explicar hasta la extenuación todos y cada uno de los pasos que se den, de negociar y saber renunciar, de encontrar en suma espacios para la construcción de nuevos consensos y de hacer política. En el fondo se trata de una buena oportunidad para recuperar el sentido último de la política como actividad generadora de compromisos y acuerdos, y como arte de lo posible.

Pedro Sánchez tiene por delante una tarea titánica, pero sería un error pensar que un nuevo liderazgo obrará por sí mismo el milagro. En este nuevo tiempo, la ciudadanía debe también ejercer una vigilancia activa para que esa nueva cultura implique a todas las tradiciones políticas en España. Esa es el alma de un gobierno en minoría que debe hacer de la necesidad virtud y contribuir a sanar las heridas del extenuante enfrentamiento político, del maniqueísmo, tacticismo y el cinismo que se han apoderado de la política democrática.

Escrito por Denis Itxaso el 01 de junio de 2018 · Archivado en: Cómo está el patio..., gipuzkoa
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Denis Itxaso