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Grandes Esperanzas

Tal es la naturalidad con la que operamos en la búsqueda de acuerdos que, desde aquí, se hace especialmente difícil entender la ausencia de cultura de pacto, el culto al enrocamiento y la proliferación de gobiernos interinos carentes de presupuestos ni calendario legislativo.

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“Cuando me analizo me deprimo, pero cuando me comparo me ensalzo”
San Agustín

Gipuzkoa ha tenido siempre una cierta tendencia a subestimar sus capacidades, a debatir los proyectos poniendo más el acento en los riesgos que en las oportunidades, haciendo de la contención y la prudencia valores consustanciales a nuestra identidad y a la cultura de empresa. Esa conducta explica en buena medida el prestigio que se nos atribuye en fiabilidad, capacidad organizativa y desarrollo humano, y representa una solvente tarjeta de visita en tiempos de volatilidad, fragmentación e incertidumbre.

Pero, si miramos a nuestro alrededor y observamos las consecuencias de la inestabilidad que provocan la interinidad y fragilidad de los gobiernos nacionales y regionales en España y media Europa, entonces quizás encontremos razones para, además, sentirnos orgullosos.

Gipuzkoa vive hoy una situación caracterizada por la estabilidad y el buen clima de convivencia. Los avances producidos en pocos años, tras superar décadas de conflictos y enfrentamientos, nos permiten albergar grandes esperanzas sobre nuestro futuro. La desaparición de la violencia terrorista de ETA y una gestión política presidida por el respeto y el acuerdo entre diferentes para resolver los verdaderos problemas de la ciudadanía, poniendo en el centro a las personas, son las bases que han hecho posible el cambio histórico.

Hoy Gipuzkoa es el territorio con menos paro de toda España y somos un referente europeo en materia de servicios sociales y lucha contra la desigualdad. Cuando hablamos de retos de futuro, ponemos por delante el cambio climático, la igualdad social, territorial y de género, el impulso a los sectores económicos de futuro (industrias creativas, electro-movilidad, economía circular….), la creación de empleo digno y la promoción de valores democráticos para asentar la convivencia y abordar un futuro libre de violencia y discriminación.

Somos una sociedad cada vez más moderna y mestiza, en el mejor sentido de ambos términos, tenemos un modelo sostenible que funciona para construir un futuro de bienestar sobre valores universales como la libertad, la igualdad, la justicia, la multiculturalidad y valores propios que hacen parte de nuestra forma de ser: iniciativa, trabajo, respeto y solidaridad.

Al analizar las causas profundas de estas mejoras que percibimos de manera cotidiana en el clima social y en nuestra realidad económica, constataremos que el gran cambio que está experimentando Gipuzkoa es un cambio cultural. Cambio que se manifiesta en los valores que la sociedad asume como propios y en el que estamos recorriendo de una forma muy esperanzadora el camino que va desde el enfrentamiento a la colaboración. En un corto espacio de tiempo, hemos pasado a valorar el pacto como un instrumento positivo de avance, en lugar de considerarlo como sinónimo de renuncia y de traición a los postulados propios.

La diversidad ha dejado se ser un inconveniente o un obstáculo, no admitiendo discusión como derecho, y siendo percibida por capas cada vez más amplias de nuestra sociedad como una riqueza. La moderación no es ya el refugio de los pusilánimes sino la base sobre la que los más inteligentes y responsables garantizan la solidez de sus proyectos al compartirlos con la mayoría. La violencia es solo un recuerdo triste que nadie defiende y cuya memoria es la vacuna que se administra una sociedad madura y decente para que sus hijos no vuelvan a pasar por ese trance.

Este cambio cultural adquiere especial relevancia en un momento en el que la atomización política está conduciendo a extremar posiciones hasta hacerlas irreconciliables. Nuestro sufrido bagaje en la búsqueda del entendimiento parece servir de incentivo y, como si de un ritual se tratara, activamos tras cada convocatoria electoral los mecanismos que nos conducirán al acuerdo y la estabilidad: diálogo leal, reconocimiento del otro, búsqueda de proyectos compartidos y reparto equitativo de responsabilidades políticas.

Tal es la naturalidad con la que operamos en la búsqueda de acuerdos que, desde aquí, se hace especialmente difícil entender la ausencia de cultura de pacto, el culto al enrocamiento y la proliferación de gobiernos interinos carentes de presupuestos ni calendario legislativo. Estos fenómenos socavan la confianza de la sociedad en la política, y muy especialmente la del electorado progresista. Y es que las ideas de la izquierda no pueden quedar atrapadas en dinámicas tacticistas y adolescentes que regalan argumentos a quienes tanto interés tienen en tacharlas de inmaduras e irrealizables.

Que nadie se equivoque. No es este un ejercicio de auto complacencia. No hemos llegado todavía a ninguna parte, ni hemos alcanzado esos objetivos hacia los que apuntamos. Pero qué gran alivio produce la certeza de que, después de tantos años, Gipuzkoa apunta en la dirección correcta.

Estamos sembrando las semillas de la esperanza, aquellas que la historia ha demostrado que producen sociedades más libres y desarrolladas. Tendremos que afrontar nuevos retos y peligros pero, si perseveramos en el cambio cultural y de valores que estamos protagonizando, no me cabe duda de que lo mejor está por llegar.

 

Escrito por Denis Itxaso el 30 de julio de 2019 · Archivado en: Alcalde de Gipuzkoa, Cómo está el patio..., gipuzkoa
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Denis Itxaso