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Guerra civil: la memoria mutilada

Cometeríamos un enorme error político si no aprovechásemos estas conmemoraciones para cerrar bien las cicatrices de las guerras. La experiencia aconseja abordarlas con una inmensa generosidad, un gran espíritu de reconciliación, pero también mediante una lectura inclusiva e integradora de aquella memoria de los y las perseguidas. No relatemos la historia mutilándola. Por honestidad con aquel sacrificio de tantas y de tantos. Por honestidad con la verdad.

memoria histórica guerra civil

Somos pasión, no solo ciencia. Sobre todo cuando de un mito puede extraerse poder (Jacques Le Goff)

Durante este 2017 se conmemoran muchos de los episodios más crueles vividos durante la Guerra Civil, hace ahora 80 años. Aquellos bombardeos, aquellas batallas y saqueos provocaron muerte, desolación y exilio a buena parte de la sociedad española. También en Euskadi la guerra tuvo consecuencias letales y nunca serán suficientes las muestras de reparación moral y los ejercicios de memoria pública que podamos emprender desde las instituciones. Precisamente estos días, asistimos a una proliferación de emotivos actos institucionales que relatan muchas verdades. Pero lamentablemente se tiende a dibujar una verdad incompleta, deliberadamente parcial y manifiestamente injusta con el conjunto de la población. Porque una cosa es que los partidos o determinadas fundaciones con tradición ideológica definida asuman el rol de recordar a “los suyos”, y otra bien distinta que las instituciones públicas contribuyamos a ofrecer una memoria fragmentada o mutilada.

Procedo de una familia muy común en este país, con antepasados euskaldunes y otros de origen castellano y navarro. Hijo de madre ondarresa y padre pasaitarra, mi abuela paterna, Ángeles Gastón Sanz, hubo de abandonar el pequeño negocio que regentaba la pareja en el barrio donostiarra de Herrera cuando las tropas franquistas entraron desde Irún. El abuelo, Fabriciano González Rodríguez, se quedó de acemilero en el frente con el Batallón Larrañaga, y a ella le tocó llevar consigo a sus hijos hacia Bilbao primero y hasta Santander después, retrocediendo al ritmo que avanzaban los fascistas, para embarcar finalmente rumbo a Cataluña, cruzar la frontera a Francia y así salvar el pellejo. Hasta ahí, y aunque para mí resulte imprescindible, esta historia es sólo una más de tantas que se sucedieron a lo largo y ancho de la geografía española.

Los actos institucionales a los que estoy acudiendo estos días, sin embargo, retratan una guerra de fascistas españoles contra nacionalistas vascos y ponen el acento en la condición de abertzale para explicar toda la saña y humillación con que tantas familias fueron perseguidas y oprimidas durante la guerra y también a lo largo de la dictadura. Un reciente documental titulado “Ama nora goaz?” producido por ETB en colaboración con instituciones públicas nos muestra a través de emotivos testimonios los padecimientos vividos por muchas mujeres de diferentes municipios guipuzcoanos de mayoría nacionalista. Al verlo sentí mutilada una parte de la memoria de mis antepasados. Probablemente ese relato servía en parte para explicar lo vivido en Ondarroa -incluso allí había republicanos, socialistas y comunistas, sin olvidar a los muchos tradicionalistas que en todo el País Vasco se levantaron contra la República- pero en modo alguno hacía justicia con otros antepasados, y desconozco si porque no hablaban euskera o no comulgaban con el nacionalismo. Se obvian la batalla de Irún o el bombardeo de Eibar y en general la realidad vivida en la Gipuzkoa urbana, de clara mayoría republicana, mostrando episodios parciales de algo que debería contarse como un todo. Debe ser que, como dice la historiadora Idoia Estornés, “para asentar el mito de España contra Euskadi es necesario invisibilizar a las víctimas de la guerra en el resto de España y a los gudaris (milicianos y soldados) no nacionalistas”.

Reivindicar la memoria constituye un necesario ejercicio de dignidad democrática. Las guerras civiles, y esta también lo fue en el País Vasco, frente a visiones maniqueas, erróneas y simplistas, suponen épocas trágicas en las que afloran los peores odios y venganzas. Muchas familias sufrieron en nuestro territorio su fidelidad a la República, acosada por el fascismo del golpe militar de los sublevados. Por eso es necesario reivindicar toda la memoria de aquellos perseguidos, y eso implica recordar a las familias nacionalistas, a las socialistas, a las comunistas, a las anarquistas y a las republicanas. A todas aquellas que combatieron heroicas por la libertad, y que muchas veces olvidamos o relegamos por una serie de prejuicios ideológicos y de presentismos que debemos superar de una vez por todas. No relatemos la historia mutilándola. Por honestidad con aquel sacrificio de tantas y de tantos. Por honestidad con la verdad.

A todas aquellas mujeres que fueron claves en la defensa de San Sebastián en aquel terrible verano de 1936. O las que sufrieron el incendio de Irún, el hostigamiento en Zumaia, Mutriku o Azpeitia, y el bombardeo de Eibar, Gernika y Durango. Las que los primeros días de septiembre se agolpaban en la carretera de la costa guipuzcoana, en medio del caos y al cuidado de sus hijos pequeños para huir del asedio de las tropas de Franco. A las que sufrieron cárcel o fueron humilladas por los vencedores, haciéndoles desfilar con sus cabezas rapadas como signo de vergüenza y estigmatización por pertenecer al bando perdedor. A las que perdieron la vida y a las que lucharon por ella con el sentido de la supervivencia que te da estar en primera línea en los tiempos más tormentosos, mostrando una valentía y un coraje que han sido un referente para más de una generación. A todas aquellas resistentes, sin distinción de credo o filiación, vaya nuestro recuerdo emocionado.

Finalmente, y volviendo a nuestros días, convendría que quienes hoy conforman la comunidad nacionalista nos despejaran las enormes dudas que suscita una mirada tan parcial a la hora de construir un futuro asentado sobre una memoria histórica fragmentada y mutilada, y expliquen las razones de este proceder. Creo que cometeríamos un enorme error político si no aprovechásemos estas conmemoraciones para cerrar bien las cicatrices de las guerras. La experiencia aconseja abordarlas con una inmensa generosidad, un gran espíritu de reconciliación, pero también mediante una lectura inclusiva e integradora de aquella memoria de los y las perseguidas.

Escrito por Denis Itxaso el 01 de abril de 2017 · Archivado en: Alcalde de Gipuzkoa, Cómo está el patio...
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  1. Josean SÁnchez dice:

    Si la memoria histórica se aborda desde todas las perspectivas, seremos capaces de superar la silenciada confrontación que aún subsiste en más de un subconsciente porque sólo lo ve desde su prisma. Hay que ser valiente y no tenerle miedo a la reconciliación y al dolor sufrido por cada uno.

  2. José Antonio Maturana dice:

    Haces una buena reflexión Denis.La manipulacion nacionalista, en especia l ladel PNV, no tiene límites en lo que respecta a la guerra civil entre vascos. Pues hay que recordar que el PNV de Álava no opuso resistencia al golpe militar y la querida Navara con sus hijos vasconavarros, requetes conquistaron San Sebastián y Guipuzcoa al mndo de generales fascistas.

  3. Joseba Esnal Albizu dice:

    Memoria histórica, recuperación de la memoria histórica…, la imagen del pasado está unida a la identidad de una colectividad en correspondencia con los intereses, los problemas y los temores de cada momento. La memoria, y también el olvido, es el conjunto del pasado que constituye el nivel mediador entre el tiempo vivido y el sentimiento identitario en el presente. El resultado…, no hay una única memoria en la sociedad, pues cada grupo elabora la representación del pasado que mejor se adecua a sus valores e intereses. La construcción de la memoria social, y por extensión la política de la memoria, tienen sus límites en esta pluralidad de memorias colectivas en conflicto en una sociedad. Y permítame que lo haga hoy aqui, en este espacio, desde los valores de la cultura que transmite el documental “Ama, nora goaz?”, y de las mujeres protagonistas del mismo, porque si la memoria social precisa del olvido del pasado reciente en aras de la convivencia (de modo que el deber de memoria histórica muestra una cierta ambigüedad entre la obligación de recordar de las generaciones posteriores y la necesidad de olvidar de quienes fueron testigos o víctimas de aquellos acontecimientos), el problema es cuando el discurso del olvido, en este caso de la crítica que Ud. hace referencia, permanece y supone la desmemoria del pasado reciente para las nuevas generaciones. Hasta aquí, creo que estaremos deacuerdo.
    Dice Ud., Guerra civil: la memoria mutilada. Yo le añadiría verdadera, olvidada y desconocida.
    No soy historiador profesional, a la vez que Ud., por lo que expone, hemos tenido la gran suerte de que en nuestras casas siempre se ha hablado y se sigue hablando episodios de la guerra civil, al igual que en muchas familias.
    Desde hace 20 años me dedico a recuperar, investigar, consultar archivos, recoger testimonios, organizar exposiciones, conferencias y un sin fin de actividades que créame, 20 años dan para mucho…, todo relacionado con la memoria histórica y desde una asociación cultural sin ANIMO DE LUCRO.
    El documental “Ama, nora goaz?” el cual critica, con calificativos como que se siente mutilado una parte de la memoria de sus antepasados y de otros muchos, porque el mismo no refleja otras realidades, me imagino que se refiere a otras ideologías políticas, que se han olvidado, relegado o ha habido un prejuicio ideológico al mostrar como resultado este documental.
    Le voy a contar una historia muy resumida que estoy convencido de que le gustará oirla, recordándole que está documentada, la he tenido guardada en un cajón los últimos 27 años y cuando comenzé en 1997 a publicar o exponer sucesos de la guerra civil y posguerra, me tachaban de loco por intentar remover y sacar historias de aquellos años, fuí increpado, denunciado y criticado.
    DOCUMENTADO: “Expulsiones” ocurridos en el Territorio Gipuzkoano en febrero de 1937, sexo femenino mayoritariamente, de familias humildes y obreras, muy religiosas, filiaciones políticas; en su gran mayoría del Partido Naconalista Vasco, calendario de expulsiones, días, recorridos y municipios gipuzkoanos afectados por las expulsiones, en total 14. Durante todos estos últimos años, se añaden testimonios, fotografías, listados y otros datos de interés.
    Con motivo de este 80 aniversario de aquellas EXPULSIONES, la he sacado del cajón y el documental “Ama, nora goaz?” es el resultado del mismo. No ha sido algo improvisado. Una historia de un hecho concreto que ocurrió en nuestro territorio. Fueron EXPULSADAS por tener una ideología política concreta y una venganza en toda regla por tener un padre, marido, hermano o hijo en el frente, y más concretamente en batallones organizados por el Partido Nacionalista Vasco.
    Estos tristes hechos, las EXPULSIONES, para much@s, una historia desconocida hasta hace bien poco, también para Ud. Es una aportación a la memoria histórica, diferente a otras conocidas, porque las protagonista son las mujeres, las grandes olvidadas en aquella sinrazón, que sufrieron inculcaciones de Derechos Humanos.
    Ahora, resulta que proyectos guardados celosamente, como ha podido ser este documental, y otros, que están viendo luz y resultados, está ocurriendo algo muy curioso. Miro a izquierda y derecha, digo políticamente, y unos no opinan, no apoyan, hay que olvidarlo, no hay que abrir heridas…, otros, observo cómo se suman al “carro”, porque se ven identificados con la memoria histórica, desean un protagonismo porque lo quieren controlarlo todo, o en algunos casos se empeñan en imponer y aprovecharse de trabajos realizados por otr@s.
    Yo, como no me escondo y me siento orgulloso de ello, desde mis convicciones de nacionalista vasco o abertzale, llámele Ud. como quiera, seguiré realizando aportaciones y trabajar por la memoria histórica.
    Permítame realizarle una crítica: Desde su responsabilidad de concejal de cultura, de los trabajos que condujeron a la obtención por parte de Donostia del título de Capital Europea de la Cultura en 2016, ¿qué es lo que hizo o aportó para que durante el año 2016 se realizaran proyectos o actividades relacionadas con la memoria histórica?
    Lo digo porque he acudido los días 18 y 19 de mayo a las jornadas de evaluación de la Capital Europea de la Cultura Donostia 2016. Siempre se aprende algo, se lo aseguro, algunas evaluaciones muy técnicas, otras no tanto, y otras que me han resultado muy satisfactorias.
    A las dos jornadas que acudí, realizé una sóla pregunta relacionada con la memoria histórica a un técnico de evaluación.
    PREGUNTA: ¿Cuántas actividades se han realizado y qué porcentaje aproximado de personas han acudido a las programadas a la memoria histórica, y participación de instituciones, asociaciones, particulares, etc.?
    RESPUESTA: Desconozco.
    Unica pregunta sin respuesta en las dos jornadas.
    Tanta cultura de la convivencia para vivir entre diferentes, Derechos Humanos, sembrar semillas, acuerdos entre diferentes…
    Por la parte que le corresponde, la Capital Europea de la Cultura de Donostia 2016 la ha mutilado. Una pena.
    En relación con la opinión del Sr. Maturana, me reservo la opinión, por educación.

Denis Itxaso